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Una fe prudente

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le ahí, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)

¿Que entiende usted por fe? Porque hay personas que tienen fe en una cosa, una opinión, una deidad, doctrina o enseñanza religiosa, por tanto la misma estaría definida dentro de esas concepciones, como por ejemplo la fe cristiana que es el conjunto de doctrinas o enseñanzas de la creencia de que nuestro Señor Jesucristo es el redentor y Salvador de la humanidad. Por tanto partiendo de ese criterio vamos a definir la fe en términos bíblicos, como lo recoge Hebreos 11:1 que señala: “Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

 

Hay países donde existen las más variadas y extrañas creencias ¿Sabía usted que en la India existe un templo, donde se adora al dios rata? y el mismo está lleno de ratones, los cuales son alimentados por los visitantes y turistas que van allí como curiosos o adoradores de esa falsedad, pero así mismo podrás encontrar templos a las vacas, la naturaleza, los astros, etc. Porque como nos señala Romanos 1:21-22, se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido y profesando ser sabios, se hicieron necios, pues usted los ve con celebridades dizque muy iluminadas que están en un alto escalón de su vida espiritual, claro, según ellos; defendiendo estas absurdas creencias. Por lo que Romanos 1:23 señala: “Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” y esa verdad Bíblica usted la puede comprobar en nuestro país, en donde tenemos adoración a santos al por mayor y detalles, con la modalidad de santo patrón de cada pueblo, en honor a quienes hacen las famosas fiestas patronales, pero así cada institución militar y policial tiene su santo patrón.

 

Vamos a definir la prudencia, tomando en cuenta que esta viene de un vocablo latín (Prudentia) el cual es sinónimo de sensatez, mesura, templanza, cautela o moderación. Así que es la capacidad de pensar ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios. Por tanto es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con moderación.

 

Ahora bien, ¿Que tiene que ver la prudencia con la fe? ¿Porque tiene mi fe, que ser prudente? Otra pregunta que surge ¿Recibiremos todo lo que pedimos? En ocasiones tomamos versículos de la Biblia y lo aplicamos a situaciones que se nos presentan de una manera unilateral y aislada, pero no vemos el contexto en el cual nos fue revelada esa palabra, pues debemos recordar lo que nos señala Salmo 119:160 que dice: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.” por ello el apóstol Santiago también nos dice: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Santiago 4:3) y pienso que en este punto también debemos recordar lo que nos dice el Señor tocante a lo que hemos de comer, beber y vestir, que aun siendo necesidades esenciales, es decir cosas que necesitamos porque nuestro cuerpo las demanda, pero nos dice que no entremos en ansiedad por ello, porque nuestro Padre Celestial sabe que tenemos necesidad de ellas y nos recomienda: “Mas buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33)

 

Hay ocasiones que nos llegan pruebas a nuestra vida, como por ejemplo una enfermedad, por citar un caso y que pasa oramos a Dios y le pedimos que nos libre de esa aflicción, pero le ponemos una condición y decimos: yo quiero que sea tú directamente que me sane, no quiero ir al médico. Pensemos un momento en esto: ¿Quien soy yo para ordenar a Dios, de la manera en que Él obrará a mi favor? Sabemos que al igual que ayer y que mañana, hoy Dios también sana, pero Él tiene multiforme maneras de expresar su gracia sobre sus hijos, por lo que entiendo que es una imprudencia de mi parte, querer dar órdenes al Soberano Dios y creador del universo, que por su amor y misericordia derrama su gracia sobre mi y sobre usted, no porque merezcamos nada, sino porque a Él le plugo, es decir porque él quiso, no porque esté obligado a hacerlo.

 

He conocido un caso de una persona muy creyente que se le ha presentado una afección de sus ojos y tienen dificultad en el sentido de la vista y es bueno que aclaremos porque utilizamos el término ojo y el término vista, en ocasiones decimos erróneamente voy al oftalmólogo a chequearme la vista, cuando en realidad lo que nos vamos a examinar son los ojos, como órganos que son utilizados por el sentido de la vista para manifestar esa capacidad que Dios ha puesto de distinguir todo lo que nos rodea. Pero volviendo al caso planteado, esa persona ha decidido no ir al médico porque Dios le va a sanar y el Señor ha puesto siervos que le han manifestado su ayuda para llevarla al facultativo y proveer los recursos para resolver esa situación, porque entiendo que es la forma en que Dios quiere ayudarlos a salir de esa prueba, pero ellos no aceptan, porque Dios en persona debe sanarlos, pero amados y amadas eso es imprudencia.

 

Sabías mi hermano y hermana que a veces tenemos casos en el otro extremo, donde el mas mínimo dolor de cabeza, estornudo o comezón en los ojos o la piel, nos olvidamos que tenemos una llave para acceder al trono de la gracia y que nuestro Señor Jesucristo nos dijo: “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre, pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.” (Juan 16:23-24) pero ocurre que en lugar de orar al Padre, tal como nos lo señala nuestro Señor, entramos en nerviosismo, salimos corriendo para el médico y me pregunto ¿Donde está nuestra fe? ¿Estamos dudando o simplemente tenemos una fe imprudente?

 

En estas situaciones es necesario recordar que Dios nos ha dado promesas y tal como Pablo aconsejó a Timoteo es bueno que avivemos el fuego del don de Dios, que está en nosotros desde el momento en que creímos o nos impusieron las manos y que no puede haber en nosotros, espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. (2 Timoteo 1:6-7) pero no puede haber duda, nuestras peticiones tienen que ir con fe ante el trono de gloria de nuestro Dios, porque oiga lo que nos dice Santiago: “Pero pida con fe, no dudando nada: Porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.” (Santiago 1:6-7)

Como creyentes debemos saber que hay un propósito de Dios en todo cuanto pueda ocurrirnos y aunque a veces no entendamos por lo que estamos pasando, para los que aman a Dios, todo obra para bien, por tanto acerquemos a Dios con confianza, porque fiel es el que prometió y así lo señala 2 Tesalonicenses 3:3 que dice: “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.” Esa es nuestra esperanza y confianza.

 

Amados y amadas, amigos y amigas que el Señor ha permitido que estén leyendo estas palabras en esta hora, el propósito principal de Dios para tu vida es darte el don de la vida eterna, porque al heredar una naturaleza pecaminosa fuimos separados de Dios, por la muerte que trajo el pecado que entró al mundo, mas Dios envío a su Hijo al mundo, no para condenarlo sino para que el mundo tenga vida por él, pero hay una decisión que debes tomar al aceptar tu condición de pecado, arrepiéntete y acepta el sacrificio que Cristo hizo en la cruz del calvario para perdonar todos tus pecados y regalarte la vida eterna, solo tienes que aceptarlo como tu único y suficiente Señor y Salvador, esta es una fe prudente y es la palabra de fe que predicamos, tal como señala Romanos 10:9-10 que dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” si cree en esta palabra y lo aceptas ya eres salvo, pero si lo rechazas, ya estas condenado.

Termino con esta enseñanza de nuestro Señor Jesucristo en la parte final del sermón del monte que nos dice: “Cualquiera pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena: y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27) Así que no importa que hayas vivido en la insensatez, adorando como dioses a cosas que no son Dios, si tomas la decisión y te arrepientes has decidido por una fe prudente, que es agradable delante del único y verdadero Dios. Ven a Jesús y salvo serás.

Jose Miguel Tejada

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