
Vivimos tiempos de confusión, engaño y oposición espiritual. Las tinieblas intentan debilitar la fe, dividir al pueblo de Dios y apagar el fervor de la Iglesia. Sin embargo, nuestra confianza no está en las fuerzas humanas ni en las circunstancias de este mundo.
La Iglesia de Cristo ha sido revestida con poder de lo alto. El mismo Espíritu Santo que desciende como fuego en Pentecostés sigue obrando hoy en aquellos que buscan la presencia de Dios con sinceridad. Aunque el enemigo levante oposición, el fuego del cielo continúa encendiendo corazones, fortaleciendo a los débiles y guiando a los fieles por el camino de la verdad.
No es tiempo de temor, sino de permanecer firmes. No es tiempo de retroceder, sino de avivar el fuego que Dios ha puesto en nosotros. Porque donde el Espíritu del Señor está presente, las tinieblas retroceden y la esperanza renace.
«No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.» (Zacarías 4:6



