
«Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Mateo 24:7-8
Vivimos tiempos que estremecen al mundo. Cada amanecer trae noticias de guerras, violencia, pestes, terremotos, hambre, incertidumbre y una creciente maldad que avanza sin freno. Lo que para muchos son simples acontecimientos mundiales, para quienes creemos en la Palabra de Dios constituyen señales proféticas que anuncian el cumplimiento del plan eterno del Señor.
Jesucristo no dejó a Su Iglesia en ignorancia. Mucho antes de que estos acontecimientos ocupan las portadas de los periódicos y los titulares de los noticieros, Él anunció que estas cosas acontecieron como principio de dolores, indicando que la humanidad se acerca al momento culminante de la historia.
Pero hay una señal aún más alarmante que los terremotos o las guerras. El Señor declaró:
«Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.»
Mateo 24:12).
Hoy contemplamos una sociedad donde el pecado intenta convertirse en norma, donde la verdad es sustituida por la conveniencia y donde muchos corazones han perdido la pasión por Dios. El peligro no solamente está fuera de la Iglesia; también acecha a quienes descuidan la oración, la santidad y la comunión con el Señor.
Lucas también registró las palabras de Cristo:
«Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.»
(Lucas 21:11).
Estas señales no deben producir desesperación en el pueblo de Dios, sino despertar una generación vigilante, llena del Espíritu Santo y comprometida con el Evangelio de Jesucristo. Mientras el mundo se prepara para tiempos de incertidumbre, la Iglesia debe prepararse para encontrarse con su Señor.
Sin embargo, Dios nunca anuncia juicio sin extender primero Su misericordia. Su llamado sigue resonando con la misma fuerza de ayer:
«Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieran en sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.»
(2 Crónicas 7:14).
Esta sigue siendo la respuesta del Cielo para una humanidad herida: humillación, arrepentimiento, oración y un regreso sincero a Dios.
Desde Tabernáculo Prensa de Dios reafirmamos nuestro compromiso de permanecer sobre el muro, anunciando con fidelidad las noticias del Reino de Dios. Tabernáculo no callará las noticias del advenimiento del rapto de Cristo por Su Iglesia. No proclamamos un mensaje de temor, sino de esperanza; no anunciamos derrota, sino la victoria gloriosa de Jesucristo.
Hoy más que nunca, la Iglesia necesita discernir los tiempos. No podemos distraernos con las voces pasajeras de este mundo mientras la voz profética de las Escrituras continúa llamándonos a velar, orar y perseverar hasta el fin.
El reloj profético sigue avanzando. Las señales se intensifican. La gracia todavía está extendida, pero la Iglesia debe despertar. Cristo viene por un pueblo santo, vigilante y lleno del aceite del Espíritu Santo.
Que nadie permita que el ruido de este siglo silencie la voz del Evangelio. Es tiempo de levantar la mirada, afirmar la fe y anunciar con valentía que Jesucristo vive, reina y pronto vendrá por Su Iglesia.
Mensaje del Tabernáculo
Mientras el mundo interpreta las noticias desde una perspectiva humana, nosotros las contemplamos a la luz de las Sagradas Escrituras. Nuestra misión no es sembrar temor, sino anunciar la esperanza que hay en Cristo. Permaneceremos firmes proclamando la verdad, llamando al arrepentimiento y preparando corazones para el glorioso regreso de nuestro Señor Jesucristo.