
Hay momentos en que las cargas de la vida, las preocupaciones y las luchas van agotando nuestras fuerzas hasta sentir que la fuente interior comienza a secarse. Pero Dios nos recuerda que no fuimos llamados a vivir vacíos, sino a permanecer cerca de Él, donde nuestra alma vuelve a encontrar descanso, paz y renovación.
Descansemos. Detengámonos. Sentémonos a Sus pies.
Fue allí donde María escogió la mejor parte: permanecer a los pies de Jesús para escuchar Su palabra. También nosotros necesitamos apartarnos del ruido, dejar por un momento nuestras cargas y volver al lugar donde Su presencia restaura lo que el mundo ha intentado desgastar.
No permitamos que se seque la fuente de nuestro corazón. La presencia de Dios sigue siendo el lugar donde encontramos fuerzas para continuar, paz para enfrentar las tormentas y esperanza para no desmayar.
Cuando el corazón está cansado, Jesús sigue diciendo: ven a Mí.
Sentémonos a Sus pies. Allí no hay condenación, sino gracia; no hay desesperanza, sino esperanza; no hay vacío, sino presencia.
Que nuestra fuente permanezca llena de Cristo, porque un corazón que permanece en Su presencia siempre tendrá de dónde beber.
“Una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”
Lucas 10:42