
Dios es amor, misericordia y gracia, pero también es santo. Su santidad es tan perfecta que no puede tener comunión con el pecado sin que antes haya arrepentimiento y transformación. A lo largo de la Biblia vemos que cuando el pueblo se alejaba de sus caminos, la presencia de Dios se retiraba y las consecuencias de la desobediencia se hacían evidentes.
Sin embargo, el mensaje de Dios no es de rechazo, sino de restauración. Él llama a Su pueblo a volverse a Él con un corazón sincero, a abandonar los caminos de injusticia y a buscar su rostro. Donde hay arrepentimiento genuino, Dios derrama perdón, limpieza y renovación espiritual.
La presencia de Dios no habita en la perfección humana, sino en corazones humildes que reconocen su necesidad de Él. Cuando una nación, una iglesia o una persona se vuelve al Señor, Su gloria encuentra un lugar donde reposar.
Oración:
Señor, examina nuestros corazones. Quita todo aquello que impide que Tu presencia habite plenamente en nosotros. Danos un espíritu de arrepentimiento, obediencia y santidad, para que seamos un pueblo preparado para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.