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CUANDO LA BENDICIÓN DE OTRO NOS INCOMODA, DIOS QUIERE SANAR NUESTRO CORAZÓN

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”
1 Pedro 5:5

Si la bendición de un justo nos causa malestar en lugar de producirnos gozo, necesitamos acudir a la cruz de Cristo y revisar nuestro corazón.

La bendición de nuestro hermano no debería convertirse en motivo de tristeza, comparación o molestia. Cuando verdaderamente caminamos en el amor de Cristo, podemos alegrarnos cuando Dios levanta, restaura y bendice a otros.

La cruz nos enseña a morir al orgullo, a la envidia y a todo aquello que nos impide celebrar el bien de nuestro prójimo. Allí encontramos la gracia que transforma el corazón y nos devuelve la capacidad de amar, perdonar y gozarnos con los que se gozan.

La gracia de Dios es el bálsamo que Él ofrece a los humildes. Cuando dejamos nuestro corazón en las manos de Cristo, ya no vemos la bendición del otro como una amenaza, sino como una manifestación de la bondad de Dios.

Que la cruz quite de nosotros toda comparación y nos conceda un corazón humilde, reconciliado y lleno de paz.

Donde reina Cristo, la bendición de uno puede convertirse en el gozo de todos.

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