
Por Félix Caraballo
Especialistas en comunicación, redes sociales, periodismo y activismo social debatieron sobre el impacto de la desinformación y el antisemitismo en las plataformas digitales, durante un encuentro en el que advirtieron sobre la rapidez con que los discursos de odio pueden difundirse y alcanzar a miles o millones de personas.
El debate, titulado “Cuando el odio se vuelve tendencia: antisemitismo y desinformación en redes sociales”, formó parte de las actividades desarrolladas en Santo Domingo en el marco del VI Foro Latinoamericano contra el Antisemitismo, donde participantes analizaron los riesgos y oportunidades que representan las nuevas tecnologías para la comunicación y la convivencia social.
En el panel participaron Karen Koening, activista vinculada a iniciativas de comunicación, fortalecimiento de la identidad judía y representación comunitaria; el periodista y analista político Sammy Eppel, fundador de Hazar Hashemich y coordinador, desde 2009, del Grupo Latinoamericano del Foro Global para Combatir el Antisemitismo; el comunicador y presentador de televisión Daniel Lajara; el medallista olímpico dominicano Luisito Pie, y Débora Apeloig, fundadora de Tikun Talks, plataforma dedicada a promover la comunicación, el diálogo y la construcción de comunidades.
Durante el encuentro se planteó que las redes sociales han democratizado la comunicación al permitir que cualquier persona pueda producir contenidos y llegar a grandes audiencias sin depender necesariamente de los medios tradicionales.
Sin embargo, los panelistas señalaron que esa democratización también ha generado nuevos desafíos, debido a la facilidad con que una información falsa, un mensaje de odio o una teoría conspirativa puede difundirse con mayor rapidez que una información debidamente verificada.
Una herramienta con dos caras
Débora Apeloig destacó que las redes sociales mantienen una relación de “amor y odio” para quienes trabajan con la comunicación, debido a que ofrecen grandes posibilidades para conectar personas, pero también pueden convertirse en espacios para la manipulación y la propagación de contenidos tóxicos.
Explicó que las plataformas digitales le han permitido establecer vínculos con personas de diferentes países y comunidades religiosas, incluyendo cristianos, musulmanes, budistas e hindúes, con quienes ha podido conversar sobre temas relacionados con la convivencia y el entendimiento entre culturas.
A su juicio, esa capacidad de eliminar fronteras constituye uno de los aspectos positivos de las redes sociales.
No obstante, advirtió que el mismo mecanismo puede ser utilizado para promover el odio y el antisemitismo, particularmente después de los acontecimientos del 7 de octubre de 2023, cuando aumentó la circulación de contenidos relacionados con el conflicto entre Israel y Hamás.
La especialista sostuvo que comprender el funcionamiento de los algoritmos y la manera en que las plataformas captan la atención de los usuarios resulta indispensable para evitar convertirse en víctima de la manipulación.
El antisemitismo existía antes de internet
Karen Koening advirtió que el antisemitismo no nació con las redes sociales, aunque estas plataformas han ampliado considerablemente su capacidad de difusión.
Recordó que experimentó personalmente el antisemitismo desde su infancia, cuando en 1956, mientras estudiaba en un colegio de Maracaibo, Venezuela, un grupo de personas atacó el centro educativo.
La experiencia, explicó, demuestra que el odio contra los judíos existía mucho antes de internet. Lo que ha cambiado es la velocidad y el alcance con que los mensajes pueden llegar actualmente a las audiencias.
Koening consideró necesario actualizar las estrategias educativas para enfrentar las nuevas expresiones del antisemitismo y enseñar a las nuevas generaciones a identificar el lenguaje y las formas de manipulación que se utilizan en las redes.
En ese sentido, sostuvo que la educación sobre el Holocausto debe complementarse con herramientas que permitan comprender cómo opera la manipulación digital y cómo los prejuicios pueden ser reproducidos mediante contenidos aparentemente informativos.
Mientras, que el periodista y analista político Sammy Eppel sostuvo que uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea consiste en la dificultad para reconocer la verdad cuando esta contradice determinadas creencias o narrativas.
Explicó que muchas personas que mantienen posiciones antisemitas expresan abiertamente sus ideas, pero el problema surge cuando sectores de la sociedad se niegan a aceptar evidencias que contradicen sus percepciones.
Afirmó que, en determinados casos, la narrativa termina imponiéndose sobre los hechos, especialmente cuando los usuarios permanecen dentro de espacios digitales donde reciben contenidos que confirman sus propias creencias.
Destacó además la importancia de captar la atención de las audiencias en los primeros segundos de un contenido, debido a que las redes sociales funcionan bajo una dinámica de consumo rápido.
Esta realidad, explicó, obliga a quienes defienden la verdad y la información responsable a desarrollar nuevas formas de comunicación capaces de competir en un escenario dominado por la inmediatez.
Responsabilidad de los usuarios
Para el comunicador Daniel Lajara, las redes sociales no funcionan de manera independiente, sino que dependen de los usuarios que crean perfiles, producen contenidos y los comparten.
Consideró que la responsabilidad ciudadana es fundamental para evitar que las plataformas sean utilizadas como vehículos para propagar información falsa, discursos de odio o contenidos manipulados.
Lajara señaló que muchas personas comparten información sin verificar su procedencia, lo que contribuye a multiplicar mensajes que posteriormente pueden resultar difíciles de corregir.
También destacó la necesidad de comprender los lenguajes particulares de plataformas como Facebook, Instagram y TikTok para producir contenidos capaces de conectar con las nuevas generaciones.
Utilizar las redes para promover el bien
El medallista olímpico dominicano Luisito Pie consideró que las redes sociales constituyen una herramienta poderosa que puede ser utilizada tanto para difundir odio como para promover mensajes de amor, respeto y convivencia.
Desde su experiencia personal, explicó que las plataformas digitales han permitido visibilizar situaciones de discriminación y ataques relacionados con la identidad de las personas.
Pie llamó a quienes promueven valores positivos a ocupar también los espacios digitales y utilizar las redes para contrarrestar los discursos de odio.
Consideró que no se puede dejar el espacio digital exclusivamente en manos de quienes utilizan la confrontación y la división como mecanismos para atraer seguidores o generar beneficios económicos.
El atleta sostuvo que los usuarios tienen la responsabilidad de utilizar las herramientas disponibles para promover mensajes que contribuyan a construir una sociedad más tolerante.
Educación para enfrentar la desinformación
Uno de los puntos de coincidencia entre los participantes fue la necesidad de fortalecer la educación y el pensamiento crítico como mecanismos para enfrentar el antisemitismo y la desinformación.
Los especialistas consideraron que la capacidad de cualquier persona para producir y distribuir contenidos representa un avance importante en materia de comunicación, pero también exige mayor responsabilidad.
La alfabetización digital, la verificación de fuentes, el conocimiento histórico y la educación sobre el Holocausto fueron señalados como elementos importantes para que las nuevas generaciones puedan identificar contenidos manipulados y discursos de odio.
Los panelistas coincidieron en que las plataformas digitales no son, por sí mismas, buenas o malas. Su impacto depende, en gran medida, del uso que hagan de ellas las personas. Como instrumentos para informar, educar, conectar comunidades y promover una cultura de respeto y convivencia.



