VOZ PROFETICA

DIVIDIDOS NO VENCEREMOS: EL LLAMADO DE DIOS A UNA IGLESIA QUE DEBE VOLVER A CRISTO

Hay una estrategia que ha acompañado a la Iglesia a través de los tiempos: dividir para debilitar. Lo preocupante es que hoy esa división puede presentarse de una manera tan sutil que muchos ni siquiera la perciben.

Pablo tuvo que confrontar este problema en la Iglesia de Corinto. Unos decían: “Yo soy de Pablo”; otros: “Yo soy de Apolos” (1 Corintios 3:4). Había personas siguiendo nombres, preferencias y liderazgos, cuando todos pertenecían al mismo cuerpo.

Y la pregunta sigue resonando para nuestros días:

“¿Acaso está dividido Cristo?”
1 Corintios 1:13.

Una advertencia para este tiempo

La Iglesia no puede convertirse en un conjunto de bandos que compiten entre sí. No fuimos llamados a levantar el nombre de un hombre por encima del nombre de Jesucristo.

Podemos tener diferentes ministerios, denominaciones, llamados y formas de servir; pero Cristo sigue siendo la Cabeza de la Iglesia.

Cuando comenzamos a decir “los míos” y “los otros”, cuando defendemos más a una personalidad que a la verdad bíblica, cuando una diferencia secundaria se convierte en motivo de separación, debemos detenernos y preguntarnos:

¿Estamos edificando el Reino de Dios o estamos alimentando una división que debilita al Cuerpo de Cristo?

Esta es una hora para discernir.

Una hora para cerrar las puertas a la competencia, al orgullo espiritual, a los celos ministeriales y a las divisiones.

El enemigo sabe que una Iglesia unida es una Iglesia fuerte. Por eso debemos permanecer vigilantes.

La Iglesia necesita volver a decir con una sola voz:

No somos de Pablo.
No somos de Apolos.
No somos de ningún hombre.
¡Somos de Cristo!

Este es el llamado profético para nuestro tiempo:

¡Iglesia, despierta!
¡No permitas que te dividan!
¡No permitas que los nombres ocupen el lugar que solamente le pertenece a Cristo!

Porque una Iglesia dividida pierde fuerza en su testimonio, pero una Iglesia unida alrededor de Cristo puede convertirse en un poderoso instrumento de Dios para esta generación.

“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti…”
Juan 17:21.

La voz profética no viene solamente para anunciar lo que viene; también viene para advertir lo que debemos corregir antes de que sea demasiado tarde.

Cristo viene por una Iglesia que debe estar despierta, preparada y unida en Él.

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