
“El justo florecerá como la palma, crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del SEÑOR, florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; estarán vigorosos y muy verdes.” Salmos 92:12-14
Qué hermosa promesa para terminar este día: Dios no ha terminado con nosotros. Mientras permanezcamos plantados en Él, nuestra vida puede seguir dando fruto, sin importar la etapa que estemos atravesando.
La palma puede crecer firme y mantenerse erguida aun cuando enfrenta fuertes vientos. El cedro, por su parte, habla de firmeza, profundidad y estabilidad. Así también es la vida de quien ha decidido permanecer en la presencia de Dios: puede atravesar temporadas difíciles, pero sus raíces siguen buscando las aguas de Su presencia.
Jesús nos recuerda en Juan 15:5:
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer.”
No se trata solamente de estar cerca de Dios, sino de permanecer en Él. De allí viene nuestra fuerza, nuestra paz y la capacidad de seguir dando fruto.
Quizás este día trajo cansancio, preocupaciones o situaciones que no pudimos resolver. Pero esta noche podemos descansar en una certeza: si nuestras raíces permanecen en Cristo, todavía hay fruto que dar.
No importa la edad, el tiempo transcurrido ni las circunstancias. Dios puede hacer florecer nuevamente aquello que parecía marchitarse. Puede renovar nuestras fuerzas, sostener nuestro corazón y hacernos permanecer verdes en medio de cualquier temporada.
Por eso, antes de dormir, no miremos solamente lo que falta. Miremos a Aquel en quien estamos plantados.
Que mañana nos encuentre nuevamente conectados a la Vid verdadera, confiando en que separados de Él nada podemos hacer, pero permaneciendo en Él podemos seguir llevando fruto para Su gloria.
Buenas noches. Permanezcamos en Cristo. Allí están nuestras raíces, nuestra fuerza, nuestra paz y nuestro fruto.



