
TEXTO: ÉXODO 5:1 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrar una fiesta en el desierto.
Normalmente la mayoría de nosotros pensamos “Cuando termine la prueba voy a adorar”, “Cuando Dios me saque del problema voy a celebrar”, “Cuando me sane, cuando tenga dinero, cuando todo mejore… entonces alabaré”.
Pero Dios nos dice en su palabra algo totalmente distinto a lo que nosotros pensamos, Él nos pide adoración aun estando EN EL DESIERTO, no después, no al final, no cuando todo esté resuelto.
Es decir, en medio de la escasez, en medio del dolor, en medio de la incertidumbre, en medio del cansancio emocional.
¿POR QUÉ EL SEÑOR QUIERE QUE HAGAMOS FIESTA EN EL DESIERTO?
I) PORQUE LA VERDADERA ADORACIÓN NO DEPENDE DE LAS CIRCUNSTANCIAS
(ÉXODO 5:2) Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.
Verdaderamente las circunstancias en las cuales el pueblo de Israel estaba viviendo no eran para hacer fiesta, PUES ERAN ESCLAVOS, seguramente en su corazón había tristeza y desesperanza.
Pero aun así, a pesar de sus circunstancias, Dios les dice “Quiero que hagan fiesta en el desierto”, porque tenemos que comprender que la verdadera adoración no nace motivada solamente por lo que Dios hizo, sino por quién es Él (Salmos 118:1) Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia.
En realidad cualquiera puede cantar después de la victoria, pero el adorador verdadero, el que Dios busca, aprende a adorar cuando aún está en el desierto.
Muchas personas cuando llegan las pruebas dejan de orar, dejan de congregarse, dejan de creer o dejan de servir, pero EL DESIERTO NO DEBE APAGAR NUESTRA ADORACIÓN.
II) PORQUE HAY BENDICIONES ESPIRITUALES QUE SOLO SE DESCUBREN EN EL DESIERTO
(OSEAS 2:14) Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.
Traducción Lenguaje Actual (TLA) A pesar de todo eso, llevaré a Israel al desierto, y allí, con mucho cariño, haré que se vuelva a enamorar de mí.
Tenemos que reconocer con sinceridad que hay canciones, lágrimas, oraciones y tiempos de intimidad con Dios, que jamás habrían sido posibles en tiempos fáciles.
Y eso es porque en el desierto muchos de nosotros hemos experimentado la fidelidad de Dios, la paz de Dios y el consuelo de Dios, es decir, precisamente en los tiempos más difíciles de sus vidas.
Es verdad, pasar por el desierto no es fácil…pero al final nos deja enseñanzas y experiencias maravillosas con Dios en nuestra vida.
III) PORQUE LOS CRISTIANOS DE FE SON LOS QUE PUEDEN ADORAR Y AGRADECER AUNQUE AÚN NO VEAN EL MILAGRO
(JUAN 20:29) Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
En ese momento de la historia Israel todavía no veía las plagas contra Egipto, ni su liberación caminando en medio del mar rojo, ni el maná, ni la nube ni tampoco la tierra prometida que fluía leche y miel.
Ellos aun estaban en esclavitud, aun estaban en Egipto siendo oprimidos, pero aun así Dios les habla de hacer fiesta. ¿Cómo es posible esto?
Es posible porque la verdadera fe es la que aprende a agradecer y adorar antes de ver, antes de entender y antes de recibir.
La adoración en el desierto es una declaración de confianza en Dios, significa decir: “TODAVÍA NO VEO MI MILAGRO, PERO SÉ QUE DIOS SIGUE CONMIGO” y esa confianza es por la que no desmayamos aun en los tiempos de angustia y dificultad (Salmos 27:13) Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes.
Hay personas que solo pueden cantar cuando todo está bien, pero los hijos de Dios aprenden a adorar aun con lágrimas en los ojos, porque la verdadera fe descansa en la certeza de que aunque el milagro todavía no haya llegado, Dios jamás ha dejado una promesa sin cumplir… ÉL ES FIEL.
CONCLUSIÓN: Dios no esperó que Israel saliera del desierto para pedirles adoración, les pidió que hicieran fiesta EN EL DESIERTO. Porque el desierto no significa que Dios nos abandonó, sino muchas veces es el lugar donde aprendemos a confiar más profundamente en Él. Quizás hoy todavía no vemos el milagro, quizás la respuesta aún no llega, pero mientras seguimos adorando, creyendo y agradeciendo, estamos declarando que nuestra fe no depende de las circunstancias sino de un Dios que jamás deja de ser fiel. Y aunque hoy haya lágrimas, angustia o incertidumbre, podemos estar seguros de algo: EL MISMO DIOS QUE NOS SOSTIENE EN EL DESIERTO, TAMBIÉN NOS LLEVARÁ A LA TIERRA DE SUS PROMESAS.



