
Santiago de los Caballeros no solo es reconocida por su dinamismo económico, su riqueza cultural y el emblemático Monumento a los Héroes de la Restauración. También ocupa un lugar especial en la historia de la educación superior dominicana, al ser la ciudad donde nació un proyecto que transformaría la formación académica de miles de jóvenes bajo los principios del Evangelio: la Universidad Nacional Evangélica (UNEV).
Al celebrarse el 40.º aniversario de su fundación, resulta oportuno mirar hacia sus orígenes y reconocer la visión de quienes entendieron que la educación cristiana debía ocupar un lugar protagónico en el desarrollo integral de la nación.
Inspirada en el principio bíblico de que «el temor de Jehová es el principio de la sabiduría» (Proverbios 1:7), la UNEV fue concebida para formar profesionales competentes, pero también hombres y mujeres comprometidos con los valores del Reino de Dios, capaces de servir a la sociedad con excelencia, integridad y sensibilidad humana.
Su historia comenzó con una visión impulsada por la Fundación Evangélica Universitaria (FEU). En agosto de 1984 fue presentada formalmente la propuesta de creación de la universidad ante el entonces Consejo Nacional de Educación Superior. Posteriormente, el 2 de abril de 1985, el Poder Ejecutivo otorgó la incorporación oficial de la Fundación Evangélica Universitaria, paso decisivo para hacer realidad este sueño.
Finalmente, el 30 de julio de 1986, mediante el Decreto No. 652-86, el Estado dominicano reconoció oficialmente a la Universidad Nacional Evangélica, autorizados para expedir títulos con plena validez legal. A partir de ese momento comenzó una trayectoria que hoy alcanza cuatro décadas de servicio ininterrumpido a la nación.
Con el paso de los años, la universidad amplió su presencia en distintas regiones del país, abrió nuevos recintos y fortaleció su oferta académica, siempre sustentada en cinco principios que continúan definiendo su filosofía educativa: educar para humanizar, educar para la democracia, educar para el desarrollo, educar para servir y educar para la paz.
La historia de la UNEV también recuerda una verdad que acompañó a los grandes reformadores cristianos: la fe y el conocimiento nunca han sido enemigos. Figuras como Martín Lutero, Juan Calvino, Juan Hus y John Wycliffe comprendieron que una iglesia fortalecida requiere creyentes preparados, capaces de estudiar las Escrituras, discernir los tiempos y servir con responsabilidad a la sociedad.
Ese mismo espíritu inspiró el nacimiento de la UNEV, convencida de que la educación superior constituye una herramienta poderosa para transformar vidas y fortalecer los valores cristianos en medio de una sociedad cada vez más necesitada de principios sólidos.
Durante estos cuarenta años, miles de profesionales han egresado de sus aulas llevando consigo no solo una formación académica, sino también un compromiso ético y espiritual que ha dejado huellas en diferentes áreas del desarrollo nacional.
Hoy, cuando la universidad celebra cuatro décadas de existencia, Santiago puede sentirse orgullosa de haber sido la cuna de una institución que ha trascendido fronteras y continúa aportando al fortalecimiento de la educación dominicana desde una perspectiva cristiana.
Más allá de sus edificios y programas académicos, la UNEV representa una visión que sigue vigente: demostrar que el conocimiento y la fe pueden caminar de la mano para formar ciudadanos íntegros, comprometidos con Dios, con la familia y con la construcción de una mejor República Dominicana.
Al arribar a su cuadragésimo aniversario, la Universidad Nacional Evangélica reafirma el propósito que inspiró su nacimiento: servir a Dios sirviendo a la nación a través de una educación fundamentada en la verdad, la excelencia y los principios eternos del Evangelio.
Desde Santiago de los Caballeros, donde comenzó esta historia hace cuarenta años, la UNEV continúa escribiendo páginas de esperanza para las presentes y futuras generaciones.



