
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.» (Génesis 1:31
El universo no nació del azar, sino de la voluntad soberana de Dios. Donde había desorden, Él estableció orden; donde reinaban las tinieblas, hizo resplandecer la luz; donde no existía vida, habló, y la creación respondió a Su voz.
Así fue desde el principio. Todo estaba desordenado y vacío, pero el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Entonces, el Creador comenzó a organizar lo existente y a llamar a la existencia lo que aún no era. Con el poder de Su Palabra formó los cielos, la tierra, los mares, las estrellas y, como la obra culminante de Su amor, creó al ser humano a Su imagen y semejanza.
Ese mismo Dios continúa obrando hoy. Él sigue transformando vidas quebrantadas, restaurando corazones heridos, levantando al caído y dando esperanza al que la ha perdido. Nada es demasiado difícil para Aquel que creó el universo de la nada.
Si en este momento tu vida parece un escenario de confusión, recuerda que el Dios del Génesis sigue sentado en Su trono. Su voz aún tiene poder para poner paz donde hay tormenta, dirección donde hay incertidumbre y vida donde todo parecía terminado.
Cuando Dios interviene, el caos se convierte en propósito, las ruinas en restauración y la desesperanza en una nueva creación.
¡El Dios que hizo el universo sigue haciendo nuevas todas las cosas!



