Fe Cultura y Sociedad

Cuando la Verdad, la Prensa y la Iglesia Deben Caminar Juntas  

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»
Filipenses 4:8 (RVR1960)

Las sociedades democráticas se fortalecen cuando sus instituciones cumplen su misión con responsabilidad, respeto y sentido del bien común. La prensa libre constituye un pilar esencial para la transparencia y la rendición de cuentas; de igual manera, las iglesias y sus líderes desempeñan un papel insustituible en la formación de valores, la restauración de vidas y el fortalecimiento del tejido social.

Cuando estos dos ámbitos entran en tensión, el camino no puede ser la polarización ni la descalificación, sino la prudencia, la moderación y el equilibrio. Precisamente desde esa convicción deseo compartir esta reflexión, no para alimentar controversias, sino para contribuir a un diálogo más justo, sereno y constructivo.

Es un acto de justicia comenzar reconociendo el valioso aporte espiritual, social y humano que durante años han realizado los ministerios de los pastores Marcos Yaroide, Laura Cárdenas y Yesenia Then. Miles de personas han encontrado en sus ministerios esperanza, orientación espiritual, restauración familiar y un mensaje transformador del Evangelio.

Su labor ha trascendido el púlpito para convertirse en un servicio permanente a comunidades vulnerables, acompañando familias en crisis, fortaleciendo matrimonios, formando a las nuevas generaciones e impulsando múltiples iniciativas de ayuda social. Como ocurre con muchos ministerios evangélicos del país, han llegado a lugares donde con frecuencia otras instituciones no alcanzan, convirtiéndose en instrumentos de consuelo, reconciliación y desarrollo humano.

Ese legado de servicio merece ser reconocido con objetividad y honestidad, independientemente de cualquier diferencia de criterio o del legítimo escrutinio al que toda figura pública puede estar sometida.

Las iglesias evangélicas y sus ministerios representan hoy uno de los mayores movimientos de servicio voluntario de la República Dominicana. Cada semana alimentan familias necesitadas, acompañan a personas con adicciones, orientan matrimonios en crisis, asisten a mujeres víctimas de violencia, forman valores en niños y jóvenes, ofrecen ayuda en momentos de desastre y llevan esperanza allí donde muchas veces otras instituciones no alcanzan. Ese trabajo silencioso constituye un patrimonio social que debe ser valorado por toda la nación.

Dicho esto, también debemos reconocer que una democracia sólida necesita una prensa libre, independiente y comprometida con la investigación de los asuntos de interés público. El periodismo responsable fortalece la institucionalidad, promueve la transparencia y contribuye a la rendición de cuentas. Defender esa libertad no es opcional; es parte del compromiso con una sociedad abierta y democrática.

Sin embargo, cuando el ejercicio periodístico y el liderazgo espiritual entran en tensión, ambos están llamados a actuar con una responsabilidad aún mayor. La búsqueda de la verdad no debe transformarse en un escenario de confrontación permanente, ni el legítimo escrutinio público debe conducir a la descalificación indiscriminada de quienes durante años han servido al país desde la fe.

Las recientes investigaciones y pronunciamientos de la periodista Nuria Piera sobre los ministerios de estos pastores han generado un intenso debate nacional. Como Obispo y Presidente de la Alianza Evangélica Dominicana, considero que este momento exige menos pasión y más sabiduría; menos polarización y más discernimiento.

Mi llamado respetuoso a la distinguida periodista es que el ejercicio de un periodismo serio, independiente y responsable permanezca siempre fundamentado en la verdad, procurando que la prudencia, la moderación y el equilibrio acompañen cada investigación. Cuando el foco recae de manera reiterada sobre líderes de fe que ejercen una amplia influencia espiritual y social, resulta indispensable cuidar que el legítimo deber de investigar no sea percibido como un prejuicio o una descalificación general hacia la comunidad evangélica o hacia quienes sirven con integridad.

Al mismo tiempo, nuestra exhortación a los pastores y líderes cristianos es igualmente clara: el ministerio nunca debe temer a la transparencia. La autoridad espiritual se fortalece cuando camina de la mano con la integridad, la rendición de cuentas, la humildad y el buen testimonio. La credibilidad del Evangelio se sostiene no solo por lo que predicamos, sino también por la manera en que administramos nuestra vida y nuestro ministerio.

La República Dominicana no necesita una confrontación entre el periodismo y la Iglesia. Necesita periodistas que investiguen con objetividad y líderes espirituales que sirvan con transparencia. Ambos cumplen una función esencial para el fortalecimiento de nuestra democracia y para la construcción del bien común.

Hoy más que nunca hago un llamado a todos los sectores a actuar con prudencia, con moderación y con un profundo sentido de responsabilidad. La verdad nunca debe separarse de la justicia, y la justicia nunca debe divorciarse de la misericordia. Cuando estos principios caminan juntos, gana la democracia, se fortalece la Iglesia y se beneficia toda la sociedad dominicana.

Vivimos tiempos en los que muchos valores fundamentales son cuestionados. En medio de ese escenario, la Iglesia está llamada a proclamar con amor, firmeza y respeto la verdad del Evangelio, defendiendo los principios bíblicos que honran a Dios y edifican a la sociedad. Esa misión debe ejercerse siempre con sabiduría, gracia y un profundo respeto por la dignidad de todas las personas.

El desafío de nuestro tiempo no es enfrentar a la prensa con la Iglesia, sino procurar que ambas continúen sirviendo a la nación desde sus respectivas responsabilidades, guiadas por la verdad, la justicia y el compromiso con el bien común.

Por el Obispo Reynaldo Franco Aquino.

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