
La Palabra nos deja ver que existe un día llamado el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Romanos 2:5-6 LBLA).
Esto nos enseña que habrá un juicio en el cual un grupo de personas saldrá aprobado y otro no. En ese día, Dios pagará a cada uno conforme a sus obras. Esta última frase está contextualizada en diferentes pasajes del Antiguo Testamento, lo que nos muestra que habrá diferentes juicios, en distintos momentos y para diferentes personas.
En ese contexto, observamos en 2 Corintios 5:9-10 (RVR1960) el juicio para los que hayamos recibido al Señor, en el cual también daremos cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo. Por ello, debemos tener presente nuestro objetivo de alcanzar la inmortalidad e irnos con el Señor, perseverando en hacer siempre el bien. La palabra inmortalidad corresponde al G861 «aftharsia», que significa incorruptibilidad, lo que hace que ambos términos sean sinónimos espirituales. Por ello, debemos despojarnos de todo vestigio de corrupción que haya en nosotros, para que podamos alcanzar la inmortalidad.
Por otro lado, es importante mencionar que la corrupción tiene diferentes facetas. Una de ellas es la corrupción del cuerpo (Hechos 13:36-37 LBLA). También está la corrupción del alma, que se refiere al adulterio (Proverbios 6:32-33 RV1960). En este pasaje no se habla solamente del sentido sexual, sino también de hacerse amigos del mundo. Por ello, debemos ministrarnos para descontaminarse de toda corrupción. Además, vemos por dónde puede entrar la corrupción en nosotros: a través de los sentidos. Un ejemplo de ello es Eva (2 Corintios 11:3 RV1909).
¿Qué cosas corrompen?
Sembrar para la carne (Gálatas 6:7-8; 11-12 LBLA).
La idolatría (Éxodo 32:7-8).
Debemos despojarnos, desde la raíz, de toda corrupción que nos impida alcanzar el arrebatamiento y la inmortalidad. Tenemos la esperanza de ser transformados de corrupción a incorrupción. Anhelemos y trabajemos por alcanzar esta promesa que el Señor nos deja en su Palabra (1 Corintios 15:51-53 LBLA).



