
«Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta.»
Apocalipsis 1:10
Las señales de nuestros tiempos nos llaman a despertar. Se escuchan, se ven y se palpan como un sonido de trompeta que anuncia que Cristo viene. No sabemos el día ni la hora, pero sí sabemos que Su Palabra nos mandó estar preparados y velar.
El clamor de esta hora no debe ser solamente: «¡Cristo viene!», sino también: «¡Que no se agote nuestro aceite!»
La lámpara necesita aceite para permanecer encendida. De la misma manera, necesitamos permanecer llenos de la presencia del Espíritu Santo, firmes en la fe, en oración, en santidad, en obediencia y en adoración.
El esposo viene de una Iglesia preparada. No podemos permitir que las distracciones, el pecado, el desánimo, las pruebas o la frialdad espiritual apaguen el fuego que Dios encendió en nosotros.
Que cuando se escuche el anuncio: «¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle!», nuestras lámparas estén encendidas y nuestro aceite no se haya agotado.
¡Cristo viene ya!
No es tiempo de dormir espiritualmente.
No es tiempo de retroceder.
No es tiempo de apagar la lámpara.
Es tiempo de velar, orar, permanecer y mantener encendido el fuego del Espíritu Santo.
¡EL ESPOSO VIENE!
¡QUE NOS ENCUENTRE CON LA LÁMPARA ENCENDIDA Y EL ACEITE EN RESERVA



