El excampeón mundial de boxeo Manny Pacquiao lanzó un mensaje directo a miles de cristianos: la tarea de anunciar a Jesús no puede quedarse en palabras bonitas. Durante el Congreso Misionero Arise Asia 2026, celebrado en Manila, Filipinas, pidió a cada creyente ponerse metas concretas para alcanzar a quienes todavía no conocen el evangelio.
Cerca de 4.000 cristianos procedentes de 50 países participaron en el encuentro realizado del 27 al 31 de julio. El evento reunió principalmente a estudiantes, líderes jóvenes, pastores y representantes de diferentes organizaciones, con el objetivo de impulsar la evangelización de casi 7.000 grupos étnicos, que representan alrededor de 3.000 millones de personas con poco o ningún acceso al mensaje de Cristo.
Pacquiao no maquilló su pasado ni intentó presentarse como un hombre perfecto. Frente a los asistentes, recordó la vida desordenada que llevaba antes de rendirse a Jesús: «La gente conoce mi antigua vida. Tenía muchos vicios: borracheras, apuestas y todo ese tipo de cosas», confesó.
El boxeador filipino aseguró que todo comenzó a cambiar cuando Dios tocó su corazón. «Cuando Dios cambió mi corazón, me convenció, entregué mi vida a Jesús y lo acepté como mi Señor y Salvador; entonces obedecí», declaró. Su testimonio dejó claro que para él la conversión no fue solo levantar una mano o repetir una oración, sino abandonar una vieja manera de vivir y comenzar a obedecer a Cristo.
Después lanzó una pregunta incómoda para muchos creyentes: «Deberíamos establecer una meta en nuestra vida diaria: ¿a cuántas almas puedes proponerte llevar al Reino de Dios en un año?». Pacquiao insistió en que la evangelización debe convertirse en una responsabilidad personal y no en una tarea que siempre se deja en manos del pastor o de la iglesia.
Pacquiao también reveló que su propia meta no comienza con cifras gigantescas. «Mi meta este año es llevar dos almas al Reino de Dios. Solo dos. Tal vez el próximo año pueda llevar cinco. Esa es mi meta en la vida. Los animo a hacer lo mismo», expresó. Su propuesta fue sencilla y cruda: dejar las excusas, identificar personas concretas y comenzar a hablarles de Jesús.
El obispo Noel Pantoja, director nacional del Consejo Filipino de Iglesias Evangélicas y presidente de la junta de Arise Asia, también hizo un llamado urgente. «Los invito a orar conmigo para que miles de jóvenes se levanten como agentes y embajadores de Dios, y lleven el evangelio a estas naciones», dijo al señalar la enorme cantidad de pueblos que todavía no han sido alcanzados.
Por su parte, el pastor Peter Tan-Chi, fundador y pastor principal de Christ’s Commission Fellowship, pidió a los creyentes mantenerse firmes hasta el final. «Dios les ha dicho que corran la carrera. Sirvan a Dios con alegría. Terminen bien. Eso no significa que nunca caerán ni que nunca serán heridos, pero deben levantarse», afirmó.
Tan-Chi advirtió que el cristiano puede pasar toda su vida buscando la aprobación de la gente y aun así olvidar a quien realmente tendrá que responder. «Puedes agradar a las personas, a tu denominación o a la organización de tu iglesia. Pero Dios es enfático: tendrás que rendir cuentas por tu vida», sostuvo.
El congreso tuvo como lema “Por el gozo”, inspirado en Hebreos 12:2, que presenta a Jesús soportando la cruz por el gozo puesto delante de Él.
El mensaje dejado en Manila fue claro: la fe no fue dada para vivir encerrados, cómodos y en silencio. Mientras millones siguen sin escuchar de Cristo, cada creyente debe preguntarse con honestidad qué está haciendo para llevar a otros al Reino de Dios.



