
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro… entonces yo oiré desde los cielos.” 2 Crónicas 7:14
El Estadio Luis María Herrera, en Baní, dejó de ser solo un lugar de encuentro humano para convertirse en un altar de adoración y clamor delante de Dios. Miles de jóvenes se congregaron en la jornada “Juventud Humillada ante Dios 2025”, levantando una sola voz para exaltar el nombre de Jesucristo y declarar que esta generación todavía tiene hambre de Su presencia.
Delegaciones de Peravia, San Cristóbal, Barahona, San José de Ocoa, Azua y San Juan llegaron unidas, demostrando que cuando la juventud decide buscar a Dios, los cielos se mueven y la esperanza vuelve a nacer en las naciones.
La actividad, dirigida por Anthony Franco y su ministerio, estuvo marcada por momentos profundos de adoración y entrega espiritual. Los salmistas Denny de Jesús, Yeison Valera, Pastora Patricia Ferreira y el cantautor colombiano Gilberto Daza guiaron al pueblo a un ambiente de alabanza donde muchos corazones fueron ministrados, restaurados y tocados por el Espíritu Santo.
La poderosa exposición de la Palabra estuvo a cargo del Pastor Richard García, desde Texas, quien compartió un mensaje centrado en la transformación verdadera que sólo Cristo puede producir. Motivó a los jóvenes a no rendirse, recordándoles que en Dios los sueños no mueren y que una vida entregada al Señor siempre tendrá propósito.
Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue el tiempo de intercesión por la nación, dirigido por varios pastores y líderes espirituales, clamando por las familias, la juventud, las autoridades y el futuro de la República Dominicana. Fue un llamado a despertar espiritualmente y a permanecer firmes en medio de los tiempos difíciles.
Más allá de la música, las luces o los reconocimientos, lo que marcó esta jornada fue ver a una generación doblando sus rodillas delante de Dios. En un tiempo donde muchos jóvenes son arrastrados por la violencia, la confusión y la desesperanza, esta concentración se convirtió en un testimonio vivo de que Cristo sigue llamando, restaurando y levantando vidas.
Baní no solo fue escenario de un evento; fue testigo de una generación que decidió humillarse ante Dios para provocar un avivamiento.



