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Sin Levadura ni Miel. La Pureza que Dios Demanda

LEVÍTICO 2:11-12 Ninguna ofrenda que ofrecieron a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová. 12 Como ofrenda de primicias las ofreceré a Jehová; mas no subirán sobre el altar en olor grato.

Muchas veces nos preguntamos: *¿Por qué no veo en mi vida el avance que esperaba? ¿Por qué algunas de mis oraciones parecen no encontrar respuesta? ¿Por qué siento que algo está frenando mis bendiciones?

Y casi siempre buscamos respuestas mirando hacia afuera:

“Tal vez son mis circunstancias…Quizás es el enemigo…

“Posiblemente es la iglesia…

Pero pocas veces nos detenemos a revisar qué es lo que estamos colocando nosotros sobre el altar de nuestro Dios.

En el texto que leímos para comenzar encontramos que Dios habló acerca de las ofrendas y estableció algo muy específico: NO DEBÍAN OFRECERSE CON LEVADURA NI CON MIEL.

Quizás a simple vista nos puede parecer que simplemente es un detalle ceremonial sin mucha importancia para la iglesia de hoy, pero en realidad DETRÁS DE ESTAS INSTRUCCIONES HAY PRINCIPIOS ESPIRITUALES MUY IMPORTANTES PARA NUESTRA VIDA CRISTIANA.

Porque quizás puede haber LEVADURA EN NUESTRA VIDA y quizás puede haber MIEL EN NUESTRA RELACIÓN CON DIOS.

¿Será posible que aun en este tiempo esas dos cosas estén frenando lo que Dios quiere hacer en nuestra vida?

VEAMOS LO QUE LA PALABRA DE DIOS NOS ENSEÑA SOBRE ESTOS DOS ELEMENTOS Y PORQUE PUEDEN ESTAR AFECTANDO NUESTRAS BENDICIONES:

I) PRIMER ELEMENTO: LA LEVADURA (1 Corintios 5:7) Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

La levadura, aunque pequeña, tiene la capacidad de extenderse y afectar a toda la masa. Por eso en la Biblia muchas veces simboliza el pecado, la corrupción y las influencias espirituales dañinas.

Espiritualmente, la levadura representa esas “PEQUEÑAS COSAS” que dejamos crecer en el corazón, pero que poco a poco comienzan a afectar nuestra relación con Dios.

Como por ejemplo:

PECADOS QUE CONSIDERAMOS QUE NO SON “TAN MALOS” (1 Corintios 5:6) No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?.

Muchas veces lo que está frenando nuestro milagro o nuestra bendición es presentarnos delante del Señor con levadura de malas actitudes y pecados que minimizamos o creemos que porque “Todos lo hacen” no afectan nuestra relación con el Señor.

Lastimosamente pensamos que los chismes, las murmuraciones en contra de otros hermanos, los malos pensamientos,las actitudes de menosprecio en contra de nuestro prójimo son cosas que “No son tan malas” , pero tenemos que comprender que delante de Dios eso es levadura en nuestro corazón y la palabra de Dios nos enseña que al Señor no le agrada ningún tipo de levadura en el corazón.

HIPOCRESÍA Y ORGULLO ESPIRITUAL (Lucas 12:1) En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

Jesús llamó a la hipocresía “LA LEVADURA DE LOS FARISEOS” porque, al igual que la levadura, trabaja silenciosamente en el corazón y poco a poco contamina toda nuestra vida espiritual.

La hipocresía aparece cuando cuidamos más nuestra imagen espiritual que nuestra verdadera condición delante de Dios. Es decir, por un lado aparentar santidad, espiritualidad, amor fraternal, y una vida cristiana ejemplar, pero por el otro lado hay orgullo, soberbia, pecados ocultos, amargura y rencor.

La palabra de Dios describe ese estilo de vida como TORTAS NO VOLTEADAS (Oseas 7:8) Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada.

La Biblia usa la imagen de una torta cocida solo de un lado porque solo tiene apariencia por fuera, pero está incompleta o cruda por dentro. De la misma manera la hipocresía espiritual produce vidas desiguales, es decir, mucha apariencia exterior, pero áreas internas que nunca han sido verdaderamente rendidas a Dios.

II) SEGUNDO ELEMENTO: LA MIEL (LEVÍTICO 2:11) Ninguna ofrenda que ofrecieron a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová.

Tenemos que comprender que la miel, en sí misma, no era algo malo, de hecho, la Biblia describe la tierra prometida como una tierra que fluía leche y miel. Pero sorprendentemente, Dios estableció que LA MIEL NO DEBÍA COLOCARSE SOBRE EL ALTAR.

Esto nos enseña una verdad espiritual importante: No todo lo que parece agradable, dulce o atractivo necesariamente agrada a Dios.

Como por ejemplo:

TRATAR DE GANAR ÉL FAVOR DE DIOS CON PROMESAS Y PALABRAS BONITAS (Salmo 78:34-37) Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, 35 Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. 36 Pero le lisonjeaba con su boca, Y con su lengua le mentían; 37 Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto.

Este texto nos dice que muchas veces cuando estamos en angustia buscamos al Señor y le “LISONJEAMOS CON NUESTRA BOCA”. Lisonjear significa halagar, adular o decir palabras agradables a alguien con intención de agradarle, manipular o ganar su favor.

Dios no quiere en nuestras oraciones la miel de palabras bonitas, de promesas que no vamos a cumplir, de compromisos que después vamos a olvidar (Eclesiastés 5:1-2) Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. 2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

Pero tenemos que saber que LA VERDADERA ADORACIÓN NO SE MIDE POR LA DULZURA DE NUESTRAS PALABRAS, sino por nuestra obediencia y la sinceridad de nuestro corazón.

CONCLUSIÓN: Quizás durante mucho tiempo hemos pensado que aquello que está frenando nuestras bendiciones está afuera de nosotros: las circunstancias, las personas, los problemas o aún los ataques del enemigo. Pero hoy la Palabra de Dios nos ha llevado a mirar hacia el altar… y hacia nuestro corazón. Porque puede haber LEVADURA: pequeñas cosas que toleramos, pecados que minimizamos, orgullo espiritual, apariencia sin verdadera rendición. Y también puede haber MIL: palabras bonitas sin obediencia, promesas sin compromiso, una relación con Dios más basada en emociones o conveniencia que en sinceridad y fidelidad. Dios fue claro: ni levadura ni miel debían subir al altar en olor grato. Quizás la bendición que esperamos no necesita primero un cambio en nuestras circunstancias… quizás necesita primero un altar sin levadura y sin miel.

Fuente:
PASTOR OSCAR FLORES | EL SALVADOR

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