
Texto bíblico: Apocalipsis 2:4-5
«Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras.»
Hay una realidad que debemos reconocer: muchas veces nuestro corazón se distrae y poco a poco comienza a darle más espacio a las cosas pasajeras que a la presencia de Dios. Sin darnos cuenta, podemos permitir que las preocupaciones, las noticias que llenan de temor, las ocupaciones diarias y los afanes de este mundo ocupen el lugar que solamente le pertenece al Señor.
Dios no busca solamente que evitemos lo malo; Él desea que escojamos lo mejor: una vida de comunión con Él, un corazón rendido a Su voluntad y una relación profunda con Su presencia.
La iglesia de Éfeso tenía muchas virtudes, trabajaba, perseveraba y defendía la verdad, pero había perdido algo esencial: su primer amor. Ese llamado también nos alcanza hoy. Podemos estar ocupados haciendo cosas para Dios y, aun así, descuidar nuestra intimidad con Él.
Todos atravesamos momentos difíciles, pruebas, luchas y tiempos de incertidumbre. Pero en medio de cualquier circunstancia hay una verdad eterna: Dios permanece fiel. Su amor no cambia, Su misericordia no se agota y Su presencia sigue siendo nuestro refugio.
Hoy es un tiempo para revisar nuestro corazón. Preguntarnos si seguimos buscando al Señor con la misma pasión, con la misma entrega y con el mismo deseo de estar cerca de Él.
Volvamos al altar de oración. Volvamos a Su Palabra. Volvamos a la adoración sincera. No permitamos que nada enfríe el amor más grande que hemos recibido.
Porque nuestro corazón fue creado para Dios, y solo en Su presencia encontramos la verdadera paz, dirección y plenitud.
Volvamos al primer amor. Volvamos a la presencia de nuestro Señor.



