
Que la Paz de Dios inunde todos nuestros corazones, que Su presencia nos cubra y que, como nación, podamos reconocer y proclamar las misericordias de Dios y sus maravillas.
Que nuestros ojos permanezcan abiertos para ver Su mano sobre nuestra tierra, y que nuestros corazones se vuelvan a Él con gratitud, reverencia y alabanza.
«Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.»
Salmos 107:20
República Dominicana: una nación que necesita caminar bajo la dirección de Dios, reconociendo que nuestras verdaderas victorias no provienen solamente de nuestras fuerzas, sino de Aquel que sana, restaura y libra.
¡Alabemos al Señor por Sus misericordias y por Sus maravillas!



