
“Clama a mí y yo te responderé; te mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jeremías 33-3)
Hoy mi corazón se llena de alegría y gratitud. Anoche, después de orar y poner mis alabanzas, le pedí a Dios desde lo más profundo de mi ser un deseo muy especial: ver a mi nieta. Sabía que ella estaba en la universidad, pero confié en que, si era Su voluntad, me concedería este anhelo.
Y hoy, como respuesta a mi oración, mi nieta me llamó y vino a abrazarme, deseando compartir conmigo la tarde y la noche. Hablamos de recuerdos llenos de fe y devoción, y me dijo: “ahora me toca a mí orar por ti”.
Este momento me recuerda que.
Dios escucha cada oración que nace del corazón.
Su tiempo es perfecto y sus respuestas traen un gozo profundo.
Lo que sembramos en amor y fe produce frutos que duran generaciones.
Hoy puedo decir con gozo. me he gozado de este Sol, el Sol de Justicia que ilumina mi vida y mi familia. Aleluya.!



