
En un mundo donde todos quieren ganar reconocimiento, prestigio y comodidad, el Reino de Dios nos presenta un camino completamente diferente. La verdadera sabiduría no consiste en acumular para uno mismo, sino en invertir la vida para que otros encuentren a Cristo.
Para ganar almas, primero hay que estar dispuesto a perder.
Perder tiempo para escuchar al que sufre. Perder comodidad para servir. Perder el orgullo para perdonar. Perder el deseo de ser visto para que solo Cristo sea exaltado. Incluso, perder nuestros propios planes cuando Dios nos llama a cumplir los suyos.
Eso fue exactamente lo que hizo Jesús. Él dejó la gloria del cielo, tomó forma de siervo, entregó Su vida en la cruz y, aparentemente, lo perdió todo. Sin embargo, por esa entrega ganó una multitud incontable de hijos para el Reino de Dios.
El que gana almas comprende que cada persona tiene un valor eterno. No busca aplausos, sino vidas transformadas. No mide el éxito por la cantidad de seguidores, sino por la fidelidad al llamado de Dios.
El fruto del justo es un árbol de vida porque su vida produce esperanza, consuelo, restauración y salvación para otros. Donde un justo camina, debe quedar sembrada la semilla del Evangelio.
Hoy más que nunca, Dios sigue buscando hombres y mujeres que estén dispuestos a perder para que otros ganen; a disminuir para que Cristo crezca; a gastar sus fuerzas para que muchos conozcan el camino de la vida eterna.
Que el Señor nos haga verdaderos sembradores de vida, llenos de amor, compasión y sabiduría, entendiendo que la mayor ganancia del creyente es ver un alma rendida a los pies de Jesucristo.
Oración
Señor, haz de mi vida un árbol de vida para quienes me rodean. Enséñame a renunciar a mi comodidad, a mi orgullo y a mis propios intereses cuando sea necesario, para llevar tu amor a quienes aún no te conocen. Dame la sabiduría para ganar almas con humildad, paciencia y verdad. Que mi mayor alegría sea ver vidas transformadas por el poder de Tu Evangelio. En el nombre de Jesús. Amén.
Quien está dispuesto a perder por Cristo, jamás pierde; porque cada alma ganada para el Reino es una victoria eterna!