
En la vida cristiana hay momentos profundamente sublimes: una oración, una alabanza, un tiempo de ofrendar, un instante de adoración sincera. Son espacios donde el corazón se conecta con Dios.
Sin embargo, muchas veces, aun dentro de la iglesia, pueden surgir distracciones que nos roban la atención y nos apartan de ese momento especial.
La Palabra nos llama a estar alertas: “Sed sobrios y velad” (1 Pedro 5:8).
Cuidemos esos momentos. No interrumpas al hermano que está adorando, orando o entregando algo al Señor. Puede que para nosotros sea solo un instante, pero para él puede ser un encuentro profundo con Dios.
Aprendamos a respetar lo que Dios está haciendo en el corazón de otro.
Protejamos lo sublime, porque en esos segundos de reverencia, entrega y adoración, Dios puede estar sembrando algo eterno.
No interrumpimos lo que Dios está haciendo. Cuidemos lo sublime



