
La presencia de Dios no regresará donde se ha perdido el santo temor del Señor. El temor de Dios no es miedo, sino reverencia, obediencia y un corazón rendido a Su voluntad.
Que nuestras vidas sean un reflejo de Su presencia, caminando en santidad, amor y fidelidad, para que el mundo pueda ver a Cristo en nosotros. No anhelemos solo sentir Su presencia; procuremos vivir de tal manera que Él encuentre un lugar donde habitar.
«El temor de Jehová es el principio de la sabiduría» (Proverbios 9:10).
Que el temor santo vuelva a nuestros corazones, para que la gloria de Dios vuelva a llenar Su Iglesia.



