
¡Cuidado! El corazón se está contaminando con el dolor.
No permitas que una herida se convierta en el filtro de todo lo que ves. El dolor no tratado endurece el corazón, roba la paz, debilita la fe y apaga el amor.
Lleva tus heridas a los pies de Cristo antes de que el resentimiento encuentre un lugar donde habitar. Lo que hoy entregas a Dios, mañana será un testimonio de Su gracia.
«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.» (Proverbios 4:23).
Locura Santa: Es mejor llorar en la presencia de Dios que endurecer el corazón lejos de Él.
Que el Espíritu Santo sane lo que el dolor quiso contaminar, y que tu corazón permanezca limpio para amar, servir y seguir creyendo



