
TEXTO: 1 TESALONICENSES 5:17 Orad sin cesar.
A lo largo de nuestra vida cristiana muchas veces escuchamos que debemos tener una vida de oración. Se nos enseña que el creyente debe apartar diariamente un tiempo para hablar con Dios. Pero surge una pregunta muy importante: ¿POR QUÉ DEBEMOS ORAR? ¿CUÁL ES LA RAZÓN POR LA QUE DIOS INSISTE TANTO EN QUE MANTENGAMOS UNA VIDA DE ORACIÓN?
El versículo que hemos leído no presenta una sugerencia ni un simple consejo, es un mandato, el apóstol Pablo no dice: «Sería bueno que oraran» o «Les recomiendo que oren». Él escribe con autoridad inspirada por Dios: «Orad sin cesar.»
La expresión «sin cesar» no significa pasar las veinticuatro horas del día de rodillas, sino vivir en una actitud constante de dependencia de Dios, COMPRENDIENDO QUE LA ORACIÓN DEBE SER UN HÁBITO PERMANENTE Y NO UNA PRÁCTICA OCASIONAL.
En este estudio descubriremos, por medio de la Palabra de Dios, algunas de LAS RAZONES POR LAS CUALES EL SEÑOR QUIERE QUE SUS HIJOS MANTENGAN UNA VIDA DE ORACIÓN CONSTANTE.
I) PORQUE NUESTRAS ORACIONES SON PARTE DE NUESTRO SERVICIO A DIOS
LUCAS 2:36-37) Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.
La Biblia nos presenta el hermoso ejemplo de Ana, una mujer anciana que había dedicado su vida al Señor. Quizá ya no tenía la fuerza para realizar muchas actividades, pero encontró un ministerio que jamás perdió valor delante de Dios: SERVIRLE MEDIANTE EL AYUNO Y LA ORACIÓN.
Podemos ver que los versículos no dicen simplemente que Ana oraba, sino que servía a Dios con sus oraciones. Esto nos enseña que cada oración sincera puede convertirse en un acto de adoración y servicio al Señor.
No todos tienen la oportunidad de predicar desde un púlpito, enseñar una clase o dirigir un ministerio, pero todos podemos participar en el ministerio de la intercesión (Ezequiel 22:30) Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; y no lo hallé.
¡Cuántas madres sirven de todo corazón al Señor orando día y noche por la conversión de sus hijos! ¡Cuántos ancianos siguen siendo columnas espirituales de la iglesia porque siempre interceden por sus pastores! (Efesios 6:18-19) orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio
Nunca debemos creer que porque ya no podemos hacer ciertas labores en la iglesia ya no podemos servir a Dios. Mientras tengamos la capacidad de orar, todavía podemos realizar uno de los ministerios más poderosos que existen: LA ORACIÓN DE INTERCESIÓN.
II) PORQUE LA ORACIÓN NOS PREPARA PARA TOMAR DECISIONES IMPORTANTES
(LUCAS 6:12-13) En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.
Podemos observar que antes de escoger a los doce discípulos, JESÚS PASÓ TODA LA NOCHE EN ORACIÓN BUSCANDO LA VOLUNTAD DEL PADRE.
Este detalle nos enseña que LAS DECISIONES IMPORTANTES NO DEBEN TOMARSE ÚNICAMENTE CON LÓGICA, EMOCIONES O CONVENIENCIA, sino buscando primero la dirección de Dios (Proverbios 3:5-6) Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. Lastimosamente muchos de nosotros dedicamos más tiempo a pedir consejos a familiares o amigos que a buscar el consejo del Señor.
Tenemos que reconocer que muchos de los fracasos y heridas que han afectado nuestra vida han venido por DECISIONES TOMADAS APRESURADAMENTE Y SIN ORACIÓN (Proverbios 21:5) Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.
Tenemos que comprender que si nuestro Señor Jesucristo, siendo el Hijo de Dios, consideró indispensable pasar horas buscando la dirección del Padre, ¡cuánto más nosotros necesitamos hacerlo!
III) PORQUE LA ORACIÓN NOS FORTALECE PARA ENFRENTAR LA TENTACIÓN
(MATEO 26:41) Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
Muchas veces los cristianos oramos para que Dios nos libre de accidentes, enfermedades, problemas económicos o peligros físicos, y está bien hacerlo, pero muy pocas veces oramos con la misma intensidad PARA PEDIR FORTALEZA CONTRA LA TENTACIÓN.
La realidad es que muchas veces una tentación no vencida puede causar más destrucción que un accidente o una pérdida económica. Una caída en pecado puede afectar el matrimonio, la familia, el ministerio y el testimonio de toda una vida.
Es necesario reconocer que NUESTRA NATURALEZA PECAMINOSA SIENTE ATRACCIÓN POR EL PECADO (Romanos 7:14-19) Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Ppero cuando fortalecemos nuestro espíritu mediante la oración, recibimos la gracia de Dios para resistir aquello que antes parecía imposible vencer.
La victoria sobre la tentación no comienza cuando aparece la prueba; comienza mucho antes, en el lugar secreto de la oración, ORAR CUANDO YA ESTAMOS SIENDO TENTADOS PUEDE SER DEMASIADO TARDE (Proverbios 7:21-22) Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, Le obligó con la zalamería de sus labios. 22 Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, Y como el necio a las prisiones para ser castigado;
FRASE: La oración no elimina todas las tentaciones, pero sí nos da la fortaleza para no caer en ellas
IV) PORQUE LA ORACIÓN NOS PERMITE EXPERIMENTAR LA PAZ DE DIOS
(FILIPENSES 4:6-7) Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Muchas personas piensan que la paz llegará cuando desaparezcan los problemas. Pero la Biblia nos enseña una verdad completamente distinta: LA PAZ DE DIOS NO DEPENDE DE LA AUSENCIA DE DIFICULTADES, SINO DE LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE ELLAS.
El apóstol Pablo escribió estas palabras mientras estaba preso, es decir, humanamente hablando, tenía razones para vivir preocupado, desanimado o desesperado. Pero en lugar de enseñar a los cristianos a vivir dominados por la ansiedad, les mostró el camino para experimentar una paz sobrenatural: LA ORACIÓN.
Cada vez que oramos estamos entregando al Señor aquello que nos preocupa. Jesús nos invita a llevar nuestras cargas delante de Él por medio de la oración (1 Pedro 5:7) echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
Tenemos que comprender que Dios no siempre cambia inmediatamente nuestras circunstancias, PERO MIENTRAS ESPERAMOS SU RESPUESTA, ÉL CAMBIA NUESTRO CORAZÓN, es decir que el temor es reemplazado por la paz que solamente Cristo puede dar.
Cuando no oramos, las preocupaciones ocupan el lugar que solo Dios debe ocupar en nuestro corazón. Pero cuando aprendemos a orar constantemente, descubrimos que ninguna carga es demasiado pesada cuando la compartimos con el Señor (Mateo 11:28) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
CONCLUSIÓN: Una iglesia que ora será una iglesia fuerte. Un matrimonio que ora tendrá un fundamento firme. Una familia que ora aprenderá a enfrentar las dificultades con esperanza. Y un creyente que ora constantemente descubrirá que la verdadera fortaleza no proviene de sus propias capacidades, sino de su comunión diaria con Dios. No esperemos que las dificultades nos obliguen a buscar al Señor. Hagamos de la oración un estilo de vida, porque cuanto más caminemos cerca de Dios, más aprenderemos a confiar en Él en cada circunstancia.



