
Nuestra intercesión y nuestra oración deben estar fundamentadas en la Palabra de Dios y en la promesa de paz que Él ha establecido para Su pueblo. Hoy es tiempo de que los creyentes levantemos un clamor unificado, confiando en el poder de la fe, porque nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que, si tenemos fe, podemos mover montañas (Mateo 17:20).
Pedimos por la paz que sobrepasa todo entendimiento, esa paz que solamente Dios puede otorgar por medio de Su Hijo Jesucristo, el Príncipe de Paz (Isaías 9:6). No solamente clamamos por el cese de los conflictos; también proclamamos restauración, esperanza y la victoria de Dios sobre nuestras vidas, nuestras familias, nuestras iglesias y nuestras naciones.
Ante las tensiones que rodean a Israel y a diferentes partes del mundo, recordamos que hemos sido llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Nuestra unidad en oración puede abrir puertas para que el Evangelio sea proclamado y para que la paz de Dios alcance lugares donde hoy parece reinar el caos.
Nos acercamos a los diferentes eventos y celebraciones apostólicas que se desarrollarán desde octubre y durante el cierre de este año, incluyendo Navidad, las actividades de fin de año y los tiempos de congregación, adoración y oración.
Que estos meses sean una oportunidad para volver al altar, fortalecer la unidad del pueblo de Dios y levantar una sola voz en oración.
Declaramos, conforme a la Palabra de Dios, un tiempo de paz, esperanza, restauración y bendición. Clamamos por nuestras familias, por nuestras congregaciones y por las naciones, confiando en la dirección del Espíritu Santo.
Gloria a Dios.
Paz y victoria para todos.
Unidos en oración, en el nombre de Jesús.



