
El cielo no está buscando creyentes ansiosos por brillar, sino corazones rendidos que aprendan a permanecer en Su paz.
Vivimos tiempos donde muchos están agotados emocional y espiritualmente, tratando de sostener una imagen, una apariencia o una carga que Dios nunca les pidió llevar. La ansiedad por demostrar, por producir y por mantenerse visibles delante de los hombres, ha ido apagando el descanso del alma.
Pero Dios no está impresionado por el ruido exterior.
Él sigue mirando el corazón.
Hay personas que parecen fuertes por fuera, pero por dentro están luchando por no perder la paz. Y es precisamente allí donde el Espíritu Santo nos recuerda que fuimos llamados primero a permanecer en Cristo antes que a impresionar al mundo.
Porque una vida sin paz termina vacía, aunque esté llena de actividades.
Y un corazón sin la presencia de Dios nunca será saciado por los aplausos humanos.
El Señor está llamando a Su pueblo a volver al lugar secreto, al silencio de Su presencia, al descanso espiritual que sana las heridas invisibles del alma.
No necesitamos correr detrás del brillo terrenal cuando ya hemos sido alcanzados por la luz de Cristo.
Hoy el Padre sigue buscando hombres y mujeres rendidos, humildes, sensibles a Su voz y llenos de una paz que este mundo no puede dar.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. ISAÍAS 26-3-
Que nunca cambiemos la paz del cielo por la ansiedad de este mundo,En el Nombre de Jesús.