
Oh Jerusalén, he puesto centinelas sobre tus murallas. Ellos orarán día y noche, continuamente. Tómense en serio este deber; no descansen, ni den descanso al Señor. Isaías 62-6 (NTV)
Ser centinela del espíritu no es una función visible ni aplaudida, pero es una de las más importantes en el Reino. Es vigilar en oración, estar alerta a lo que ocurre en el mundo espiritual y clamar sin cesar hasta que se cumplan los propósitos de Dios.
Una centinela no duerme en su espíritu. Aunque sus ojos naturales puedan estar cerrados, su corazón está conectado al cielo. El Señor confía en ti, en tu sensibilidad, en tu obediencia, en tu disposición a orar cuando nadie más ora, a llorar con los que lloran y a pelear en lo invisible por los que están cansados.
A veces el enemigo quiere hacerte sentir sola, invisible o cansada, pero hoy el Padre te recuerda. Yo te puse como centinela, porque sé quién eres. No estás sola. Yo velo contigo. Cada oración que haces, cada lágrima que derramas en secreto, cada madrugada que pasas clamando, está escribiendo historia en el cielo.
Este llamado no es para los fuertes en sí mismos, sino para los valientes de corazón, aquellos que se rinden a Su voluntad y se mantienen firmes pase lo que pase en la Fe.
Señor, fortalece a cada centinela que has levantado. Aviva su lámpara, afina su oído y renueva sus fuerzas. Que nunca se apaguen sus oraciones, ni se endurezca su compasión. Gracias por confiar en nosotros para estar despiertos en la brecha.



