
Las personas que han aprendido a permanecer en la presencia de Dios conservan la calma aun en medio de las pruebas. La paz que proviene del Señor no depende de las circunstancias, sino de una vida rendida a Sus pies.
María, la hermana de Marta, era una mujer que acostumbraba sentarse a los pies de Jesús para escuchar Su Palabra y recibir Sus instrucciones. Cuando Jesús llegó a la aldea tras la muerte de Lázaro, María permaneció en quietud hasta que Él la llamó. Su confianza no estaba en la desesperación, sino en la presencia del Maestro.
Hoy también debemos cuidarnos de no pasar por alto que Jesús siempre va delante de nosotros. Con frecuencia, los afanes, las preocupaciones y las turbulencias de la vida ocupan tanto nuestro corazón que dejamos de contemplar al Señor y perdemos la paz que solo Él puede dar.
Detengámonos, busquemos Su presencia y aprendamos a permanecer a Sus pies. Allí encontraremos dirección, fortaleza y el reposo que nuestra alma necesita.
«María, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.»
Lucas 10:39. Amén.



