
SANTIAGO 2:2-5 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Hay una verdad que tenemos que aceptar: TODOS, SIN EXCEPCIÓN, ENFRENTAREMOS PROBLEMAS EN ALGÚN MOMENTO DE NUESTRA VIDA. Las dificultades económicas, los conflictos familiares, las crisis matrimoniales, los problemas laborales, las enfermedades y las pérdidas son parte de la realidad de este mundo.
Pero la diferencia entre un cristiano y una persona que no conoce a Dios NO ES LA AUSENCIA DE PROBLEMAS, SINO LA MANERA EN QUE LOS ENFRENTA. Mientras el mundo normalmente responde con desesperación, enojo, temor o desánimo, Dios nos llama a responder con FE, MADUREZ Y SABIDURÍA.
Eso es precisamente lo que encontramos en los versículos que hemos leído para comenzar, Santiago no le escribe a creyentes que vivían una vida cómoda y tranquila, sino a cristianos que estaban atravesando diversas pruebas. Y en lugar de prometerles que los problemas desaparecerían de inmediato, LES ENSEÑA QUE LAS PRUEBAS TIENEN UN PROPÓSITO: fortalecer su fe, formar su carácter y llevarlos a depender de la sabiduría de Dios.
Muchas veces nuestra primera oración es: «SEÑOR, QUITA ESTE PROBLEMA». Pero en muchas veces Dios responde: “PRIMERO QUIERO ENSEÑARTE A ENFRENTARLO». Porque una persona que aprende a enfrentar las dificultades con sabiduría no solo supera una crisis, sino que también crece espiritualmente.
Por eso, hoy no estudiaremos cómo evitar los problemas, porque eso ya vimos que no es posible; sino que VEREMOS POR MEDIO DE LA PALABRA DE DIOS TRES PRINCIPIOS PARA ENFRENTARLOS DE UNA MANERA CRISTIANA, MADURA Y PRÁCTICA:
PRIMER PRINCIPIO: DOMINA TUS REACCIONES; NO PERMITAS QUE EL PROBLEMA CONTROLE TU MANERA DE RESPONDER
(SANTIAGO 1:19-20) Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Cuando un problema llega, LO PRIMERO QUE PONE A PRUEBA ES NUESTRO CARÁCTER. Tenemos que reconocer que es fácil reaccionar impulsivamente cuando las cosas no salen como esperábamos: Una mala noticia, una discusión en el matrimonio, un despido inesperado, una traición o una crisis económica pueden provocar reacciones violentas de enojo, desesperación o miedo.
Es por eso que Santiago nos recuerda que EL CREYENTE MADURO NO PERMITE QUE SUS EMOCIONES GOBIERNEN SUS DECISIONES. El cristiano maduro aprende a reflexionar antes de actuar, a pensar antes de hablar y A BUSCAR LA DIRECCIÓN DE DIOS ANTES DE RESPONDER.
MUCHAS VECES EL PROBLEMA NO ES EL MAYOR ENEMIGO; SINO NUESTRA REACCIÓN DESCONTROLADA (Eclesiastés 10:1) Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable.
(Proverbios 14:17) El que fácilmente se enoja hará locuras; Y el hombre perverso será aborrecido.
Lastimosamente muchos cristianos han tomado decisiones que lamentaron por años porque actuaron dominados por sus emociones y no por la sabiduría de Dios.
EL DOMINIO PROPIO ES UNA EVIDENCIA DE MADUREZ ESPIRITUAL. No significa que no sintamos dolor, enojo o tristeza, sino que, con la ayuda de Dios, decidimos no permitir que esos sentimientos gobiernan nuestro comportamiento (Proverbios 16:32) Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
SEGUNDO PRINCIPIO: CONCÉNTRATE EN LO QUE SÍ PUEDES RESOLVER Y PON EN LAS MANOS DE DIOS LO QUE NO PUEDES CONTROLAR
(Filipenses 4:6-7) Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Tenemos que reconocer que muchas veces una de las mayores causas de ansiedad no es el problema en sí mismo, sino QUERER CONTROLAR AQUELLO QUE ESTÁ FUERA DE NUESTRO ALCANCE.
Es por eso que la palabra de Dios nos enseña que, en lugar de vivir consumidos por la preocupación, DEBEMOS LLEVAR NUESTRAS CARGAS AL SEÑOR EN ORACIÓN. Esto no significa cruzarnos de brazos y esperar que todo se resuelva solo, sino reconocer que hay cosas que sí dependen de nosotros y otras que DEPENDEN ÚNICAMENTE DE DIOS.
Cuando intentamos controlar lo incontrolable, terminamos agotados. Pero CUANDO HACEMOS NUESTRA PARTE Y DEJAMOS EL RESTO EN LAS MANOS DE DIOS, podemos experimentar la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:6-7) Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Antes de angustiarnos por un problema, TENEMOS QUE HACERNOS ESTAS DOS PREGUNTAS:
¿QUÉ ES LO QUE YO SÍ PUEDO HACER HOY? Hagámoslo con diligencia (Romanos 12:11) En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;
¿QUÉ ES LO QUE YO NO PUEDO CONTROLAR? Entrégueselo a Dios en oración (1 Pedro 5:7) echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
TERCER PRINCIPIO: NO PERMITAS QUE SATANÁS USE EL PROBLEMA PARA DISTORSIONAR TU REALIDAD
(2 CORINTIOS 4:7-9) Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
Tenemos que comprender que todo problema trae dos batallas en nuestra vida. La primera es LA BATALLA CONTRA LA CIRCUNSTANCIA y la segunda batalla, muchas veces la más peligrosa, es LA BATALLA QUE SE PELEA EN NUESTRA MENTE. La estrategia del enemigo consiste en hacernos creer una mentira hasta que la aceptemos como si fuera la realidad.
Cuando enfrentamos una crisis económica, él nos dice: «Dios ya no proveerá para ti.»
Cuando atravesamos un conflicto familiar, nos hace pensar: «Tu hogar nunca volverá a ser el mismo.»
Cuando llega una enfermedad, quiere convencernos de que Dios nos ha abandonado.
Cuando cometemos un error, nos dice que ya no hay esperanza y que Dios está demasiado decepcionado de nosotros.
En los versículos que hemos leído podemos observar que PABLO NO NEGÓ LAS DIFICULTADES QUE ESTABA VIVIENDO, él reconoció que había tribulación, persecución, angustia y caídas pero él también sabía que NINGUNA DE ESAS CIRCUNSTANCIAS SIGNIFICABA QUE DIOS LO HUBIERA ABANDONADO y por eso declaró:
Estamos atribulados, pero no angustiados.
Estamos en apuros, pero no desesperados.
Somos perseguidos, pero no desamparados.
Somos derribados, pero no destruidos.
Verdaderamente Pablo no estaba describiendo cómo se sentía, sino que con fe estaba DECLARANDO LA REALIDAD DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS.
Cada uno de nosotros debemos comprender que LOS PROBLEMAS PUEDEN ALTERAR NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS, PERO NO CAMBIAN LAS PROMESAS NI EL AMOR DE NUESTRO DIOS (Romanos 8:38-39) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Cuando estamos pasando por las crisis de la vida NO CREAMOS LAS MENTIRAS DEL ENEMIGO que dicen: «Dios te abandonó.», «Nunca vas a salir de esto.», «Todo está perdido.» , «Ya no hay esperanza.» o «No vale la pena seguir luchando.» PORQUE DIOS NUNCA ABANDONA A SUS HIJOS (Salmos 37:25) Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan.
CONCLUSIÓN: Después de meditar en la Palabra de Dios, podemos comprender que el problema más grande de nuestra vida no siempre es la crisis que estamos enfrentando, sino la manera en que decidimos responder a ella. Las pruebas no llegan para destruirnos, sino para formar en nosotros el carácter de Cristo. Dios no desperdicia ninguna lágrima, ninguna lucha ni ninguna dificultad. Él puede usar aun los momentos más dolorosos para hacernos más fuertes, más maduros y más dependientes de Él. Quizá hoy estás enfrentando una batalla que parece demasiado grande. Tal vez has pensado que ya no puedes seguir adelante, pero recuerda que el mismo Dios que permitió la prueba también prometió acompañarte en medio de ella. Las circunstancias cambian, las personas cambian y las emociones cambian, pero Dios permanece fiel para siempre. Si hoy decides enfrentar tus problemas con fe, con madurez y con la sabiduría que viene de lo alto, descubrirás que aquello que parecía el final puede convertirse en el comienzo de una nueva etapa de crecimiento espiritual en tu vida.



