
Texto Central: 1 Pedro 1-18-19 «Sabiendo que fuisteis rescatados […] no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo».
La Iglesia de Jesucristo necesita mantener viva la conciencia del valor de su redención y del propósito para el cual fue llamada. No fuimos escogidos por méritos humanos, posiciones o reconocimientos terrenales, sino por la gracia y la voluntad soberana de Dios.
La sangre de Cristo nos recuerda el precio de nuestra redención y la responsabilidad espiritual que acompaña tan grande privilegio. Por eso, la identidad de la Iglesia no puede descansar en títulos, cargos o posiciones, sino en su fidelidad a Cristo y en el testimonio de una vida transformada.
Volver al primer amor significa recuperar la pasión por Dios, por Su Palabra, por la santidad y por las almas. También significa trabajar por la unidad del pueblo de Dios, dejando a un lado aquello que debilita el propósito para el cual fuimos llamados.
La Iglesia debe recordar que su misión no es exaltarse a sí misma, sino glorificar a Cristo, anunciar Su Evangelio y reflejar Su amor.
La redención no es un título para exhibir; es una gracia que debemos honrar con nuestra manera de vivir.
Basado en la reflexión «Un Llamado a la Iglesia», del Apóstol Miguel Bogaert. Adaptación editorial para TPD.



