
Hay un sonido que el Señor está haciendo escuchar en este tiempo: el sonido de la humildad. Mateo 16-24-25-26-27-
No es el sonido de los aplausos, ni de la exaltación personal, ni de quienes buscan ser vistos. Es un sonido que nos lleva delante de la presencia de Dios para preguntarnos: ¿Quién está ocupando el centro de nuestra vida?
Jesús dijo:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.”
Negarse a sí mismo no significa dejar de ser quien Dios nos llamó a ser. Significa renunciar al protagonismo del yo para que Cristo gobierne nuestro caminar.
Tomar la cruz significa aceptar el costo de seguir a Jesús. Y seguirlo significa caminar detrás de Él, no delante de Él.
Por eso, este es un tiempo para volver al orden establecido por Dios.
Cristo siempre será el centro, no las personas.
Cuando el hombre quiere ocupar el lugar que solamente le corresponde a Dios, algo comienza a desordenarse. Pero cuando volvemos a los pies de Cristo, recuperamos la perspectiva correcta.
El Señor está haciendo sonar una voz que llama a Su pueblo a la humildad, al arrepentimiento, a la obediencia y a una entrega verdadera.
No se trata de hacer mucho ruido.
Se trata de escuchar Su voz.
No se trata de ser reconocidos.
Se trata de que Cristo sea conocido.
No se trata de levantar nuestro nombre.
Se trata de levantar el nombre de Jesús.
Porque el verdadero discípulo no pregunta cuánto será visto, sino cuánto está dispuesto a rendir por amor a Cristo.
Hoy el llamado sigue vigente:
Niégate a ti mismo.
Toma tu cruz.
Sígueme.
Que vuelva a sonar el sonido de la humildad.
Que vuelva a sonar la voz de Cristo.
Y que nuestra vida pueda declarar, con hechos y no solamente con palabras:
“Señor, Tú eres el centro. Yo solamente soy un instrumento en Tus manos.”
La Voz del Tabernáculo
Defensora del Evangelio de la Paz de Cristo, el Soberano de nuestra Paz.

