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Dios Está Restaurando las Puertas: Un Llamado a Ser Portadores de Fe, Esperanza y Revelación

Hay tiempos en los que Dios permite que lo que parecía perdido sea restaurado, y aquello que permanecía oculto sea revelado. En estos tiempos, el Señor nos llama a examinar nuestra vida, reconocer dónde estamos delante de Él y disponernos para participar en Su obra.

La restauración comienza cuando somos capaces de mirar el estado de nuestras propias “puertas”. En Nehemías 2:17, la reconstrucción de Jerusalén estuvo precedida por el reconocimiento de su condición: sus muros estaban derribados y sus puertas habían sido consumidas por el fuego. Antes de levantar nuevamente la ciudad, fue necesario reconocer aquello que debía ser restaurado.

También nosotros necesitamos permitir que Dios examine nuestras puertas: nuestro corazón, nuestra fe, nuestra obediencia, nuestro carácter y todo aquello que hemos recibido de Sus manos.

La restauración requiere materiales para edificar. Nehemías 2:8 y Hageo 1:8 nos recuerdan la importancia de disponer de los recursos necesarios para levantar nuevamente lo que ha sido derribado. Dios ha colocado dones, talentos, capacidades y recursos en nuestras manos, no solamente para nuestro beneficio, sino también para la edificación de Su obra.

Pero una puerta no solamente debe ser levantada: debe ser consagrada.

Cuando las puertas fueron colocadas, la obra continuó con orden y dedicación (Nehemías 7:1). Esto nos recuerda que no basta con ser restaurados; necesitamos permanecer apartados para Dios, entendiendo que todo lo que somos y tenemos debe estar bajo Su señorío.

El propósito de esa restauración es aún mayor: convertir nuestras vidas en puertas de fe y esperanza.

Hechos 14:27 habla de cómo Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Y Oseas 2:15 presenta el valle de Acor como una puerta de esperanza. La imagen es poderosa: Dios puede transformar lugares de dolor, ruina y pérdida en entradas hacia una nueva oportunidad bajo Su gracia.

Por eso, el llamado no es solamente a ser restaurados para nosotros mismos. Dios nos restaura para que otros puedan encontrar una puerta abierta hacia Él.

Que nuestra vida no sea una puerta cerrada por el temor, el orgullo, la amargura o el desánimo. Que sea una puerta abierta a la presencia de Dios; una puerta por donde entren la fe, la esperanza, la verdad, el amor y la salvación que encontramos en Jesucristo.

En tiempos de tanta confusión, el Señor sigue levantando hombres y mujeres dispuestos a ser instrumentos de Su propósito. La restauración comienza en nosotros, pero no termina en nosotros.

Dios está restaurando las puertas. Y nos llama a estar preparados para que, a través de nuestras vidas, otros puedan encontrar el camino hacia Cristo.

Reflexión inspirada en las palabras compartidas durante el Congreso de Pastores en Texas por el apóstol Sergio Enríquez, del Ministerio Ebenezer.Guatemala.

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