
Hay tiempos que demandan de la Iglesia de Cristo algo más que palabras: requieren compromiso, fidelidad y una disposición genuina para servir al propósito de Dios.
La República Dominicana atraviesa un tiempo en el que cada dominicano comprometido con la predicación del Evangelio está llamado a examinar su responsabilidad como mensajero de la Palabra. No se trata de competir por espacios, protagonismos o reconocimientos, sino de unir esfuerzos para que el mensaje de Jesucristo llegue con claridad, verdad y fidelidad a cada corazón.
Es tiempo de fortalecer la unidad, trabajar con un mismo propósito y permanecer atentos a la dirección del Espíritu Santo. La misión no pertenece a una persona, denominación o institución; el Evangelio de Jesucristo es el mensaje de salvación que nos convoca a servir con humildad y obediencia.
La fe no debe permanecer solamente en nuestras declaraciones: tiene que manifestarse en nuestra conducta, en nuestro testimonio y en la manera en que asumimos el llamado de Dios.
La Escritura nos recuerda:
«Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación». — 2 Corintios 5:18.
Que este tiempo nos encuentre preparados, fortalecidos en la fe y dispuestos a trabajar por la unidad, la reconciliación y la paz de Cristo.
Porque cuando la Iglesia comprende la grandeza de su responsabilidad, deja de mirar sus diferencias como obstáculos y vuelve sus esfuerzos hacia lo verdaderamente esencial: predicar a Cristo, vivir Su Palabra y ser instrumentos de Su paz.
TPD. Defensora del Evangelio de la Paz de Cristo, el soberano de nuestra Paz.
