
Basado en Apocalipsis 18:8
En esta hora, Dios está emitiendo una voz clara y firme desde los cielos.
No es un susurro… es un llamado urgente.
El escenario de Apocalipsis 18 nos revela el juicio inminente sobre todo sistema corrompido, sobre toda estructura contaminada que ha sustituido la verdad por apariencia. Babilonia representa aquello que seduce, mezcla y aparta el corazón de Dios.
Pero en medio de ese juicio, también hay un llamado:
“Salid de ella, pueblo mío…”
Este no es solo un aviso…
es una convocatoria divina a la santidad.
Dios no está buscando una iglesia distraída ni acomodada.
Está llamando a una novia.
Una novia que ha entendido que el tiempo es corto,
que ha decidido apartarse de lo que contamina,
y que anhela agradar al Esposo en todo.
Porque así como hay juicio para lo impuro,
también hay gloria preparada para los que se santifican.
La Escritura nos recuerda en Efesios 5:27 que Cristo viene por una iglesia gloriosa,
sin mancha, sin arruga y sin contaminación.
Este es el tiempo de limpiar el corazón,
de rendir lo oculto,
de volver al primer amor,
y de vivir una fe genuina, no una apariencia.
Jesús, el Cordero, viene.
Y las bodas están preparadas (Apocalipsis 19).
Pero la pregunta sigue vigente:
¿Está lista la novia?
No es tiempo de religiosidad…
es tiempo de preparación.
No es tiempo de mezclas…
es tiempo de pureza.
No es tiempo de distraerse…
es tiempo de velar.
Porque el Esposo viene por una novia que se ha guardado para Él



