VOZ PROFETICA

De lo Silvestre a lo Plantado por Dios

VOZ PROFÉTICA: es un espacio dedicado a compartir mensajes de exhortación y edificación para la Iglesia de Cristo, respetando siempre la autoría y las fuentes originales de cada exposición.

Vivimos tiempos en los que el Señor está llamando a Su pueblo al arrepentimiento, a la santidad y a una transformación profunda del corazón. El siguiente mensaje nos invita a examinar nuestra vida a la luz de las Escrituras, permitiendo que Dios arranque todo aquello que aún permanece silvestre para plantar en nosotros Su naturaleza.

Compartimos esta reflexión respetando su autoría original y las citas bíblicas utilizadas por el expositor.

Antes de comenzar a abordar el siguiente tema, es importante recalcar que Cristo viene y que recibamos la corrección que el Señor nos brinda por medio de su Palabra. En ella podemos observar que todo lo que le pasó a Israel es figura para nosotros, pues hemos sido alcanzados por los últimos tiempos. Nosotros hemos sido rescatados de nuestra vana manera de vivir, heredada de nuestros padres (Ezequiel 16:1-5, LBLA).

En el pasaje anterior vemos el origen de Jerusalén, la cual era cananea, amorrea e hitita. Asimismo, fue aborrecida y dejada tirada. Esto significa que se encontraba «silvestre». Esta palabra proviene del latín y significa «del bosque» o «salvaje», y se refiere a aquello que nace y crece de forma espontánea, sin que nadie lo haya sembrado o cuidado. Del mismo modo, Jerusalén no fue cuidada ni cultivada, provocando que se hiciera silvestre.

Hay maldades que deben ser exterminadas y, por ello, el Señor da un espíritu como el de Jeremías para desarraigar, derribar y derrocar. Es decir, primero debe haber una destrucción y una excavación íntima para hacer movimientos que permitan quitar de nosotros muchas cosas a las cuales estamos arraigados. Entonces el Señor edificará y plantará.

Con lo que hemos desarrollado, podemos interpretar Romanos 11:17 (LBLA) de la siguiente manera: nosotros éramos un olivo silvestre, salvaje, que creció sin que nadie lo hubiera cuidado. Entonces vino el Señor y nos injertó, contra naturaleza, en el verdadero olivo, para que fuéramos partícipes de su sangre preciosa.

Con todo lo anterior, veamos por medio de Deuteronomio 20:20 (FTA) cómo podemos distinguir si somos silvestres. Lo silvestre es salvaje, no da fruto y se convierte en instrumento de guerra. Para que lo silvestre pueda ser arrancado de nosotros, debemos conocer qué cosas son silvestres.

En este sentido, analicemos 2 Reyes 4:39 (LBLA). Las calabazas silvestres en la antigüedad se utilizaban como purgantes y venenos. Por tanto, es necesario que nos arrepintamos para que la bondad de Dios se extienda sobre nosotros y no seamos viña, olivo ni calabaza silvestre, con el fin de que la rica savia nos transforme en un olivo natural para que produzcamos los frutos deseados por el Señor.

Fuente: Mensaje compartido por su autor original. El Apostol Sergio Enriquez del Ministerio Ebenezer-Guatemala.Se publica con fines de edificación, conservando sus referencias bíblicas y respetando su autoría.

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