Principal

LA COSTUMBRE PUEDE UNIR DOS CUERPOS, PERO SOLO EL AMOR UNE DOS CORAZONES

¿Por costumbre o por amor?

Texto bíblico: 1 Corintios 13:7-8
“Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”

Hay una antigua canción que decía en una de sus frases: “La costumbre es más fuerte que el amor”. Pero surge una pregunta importante: ¿será realmente verdad?

Después de muchos años de matrimonio es normal que las emociones cambien. Ya no existe la misma intensidad de los primeros años de noviazgo, porque el amor también madura con el paso del tiempo. Sin embargo, debemos comprender algo fundamental: una cosa es que el amor madure y otra muy diferente es que sea reemplazado por la costumbre.

Existen matrimonios que siguen viviendo bajo el mismo techo, pero ya no conversan, ya no ríen, ya no sueñan juntos ni disfrutan la compañía del otro. Simplemente cumplen una rutina.

Y entonces nace una pregunta en el corazón de la pareja:

¿Seguimos juntos por amor… o solamente por costumbre?

I) LA COSTUMBRE MANTIENE LA RUTINA; EL AMOR MANTIENE VIVA LA RELACIÓN

Eclesiastés 9:9
“Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol…”

Hay personas que permanecen casadas porque es lo que siempre han hecho, porque hay hijos de por medio, porque tienen miedo de comenzar de nuevo o porque les preocupa el qué dirán.

Tenemos que reconocer que la costumbre puede hacer que dos personas compartan la misma casa, pero solamente el amor hace que compartan la misma vida.

No basta con dormir en la misma cama; lo importante es seguir caminando en la misma dirección, compartir sueños y disfrutar juntos el regalo de la vida.

¿Cómo mantenemos viva la relación?

Cantares 7:12
“Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.”

Las relaciones no permanecen vivas por accidente, sino por intención. El amor necesita tiempo de calidad. Aunque el trabajo, los hijos y las responsabilidades ocupen gran parte del día, debemos apartar tiempo para conversar, salir juntos, orar juntos y disfrutar de la compañía del otro.

No debemos esperar un aniversario para demostrar amor. Las relaciones fuertes no se construyen un día al año, sino todos los días.

II) LA COSTUMBRE DEJA DE INVERTIR EN LA RELACIÓN; EL AMOR SIGUE SEMBRANDO Y COSECHANDO

Efesios 5:25
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.”

El apóstol Pablo no dice: “Acostúmbrense a vivir juntos”. Él dice: amen a sus esposas.

El amor verdadero nunca deja de sembrar.

Un esposo que ama sigue expresando palabras de amor aunque pasen los años: “Te amo”, “Perdóname”, “Te necesito”, “Me encanta cómo te ves”, “¿Cómo estuvo tu día?”, “He estado pensando en ti”.

Pero la costumbre comienza a decir: “Ella ya sabe que la amo”.

Y aunque sea cierto, el amor verdadero no solamente se siente; el amor se demuestra.

¿Cómo volvemos a sembrar amor?

Gálatas 6:9
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Ningún agricultor espera cosechar donde dejó de sembrar. Lo mismo ocurre en el matrimonio. Si dejamos de sembrar palabras de cariño, detalles de amor y tiempo de calidad, con el tiempo también dejarán de crecer esos frutos.

Debemos proponernos sorprender nuevamente a nuestro cónyuge: escribir una nota, enviar un mensaje durante el día, dar un abrazo o un beso sin que nos lo pidan.

El amor no muere de repente; muchas veces se marchita por falta de atención.

III) LA COSTUMBRE PRODUCE INDIFERENCIA; EL AMOR PRODUCE INTERÉS

Mateo 15:8
“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.”

Una de las señales más peligrosas de una relación que se ha convertido en costumbre es el desinterés.

Cuando el amor comienza a enfriarse ya no preguntamos, ya no escuchamos, ya no admiramos, ya no celebramos ni compartimos.

La indiferencia es uno de los enemigos más peligrosos del matrimonio, no porque haya grandes discusiones, sino porque llega un momento donde simplemente dejamos de preocuparnos.

Y cuando deja de importar, el corazón comienza a alejarse.

¿Cómo vencemos la indiferencia?

Lucas 10:33-34
“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas…”

La mejor manera de combatir la indiferencia es volver a interesarse verdaderamente por la vida de nuestro cónyuge.

Cada día debemos hacer preguntas que demuestren amor verdadero:

“¿Cómo te sientes?”
“¿En qué puedo ayudarte?”
“¿Qué necesitas?”

Pequeños actos de amor pueden volver a acercar corazones que se habían distanciado.

CONCLUSIÓN

Algunos matrimonios necesitan volver a enamorarse, pero antes de eso necesitan volver a acercarse a Dios.

Cuando Cristo vuelve a ocupar el centro del hogar, el amor deja de ser una simple costumbre y vuelve a convertirse en una decisión diaria llena de gracia, paciencia y compromiso.

La costumbre puede mantener dos cuerpos viviendo bajo el mismo techo; pero solamente el amor, alimentado por Dios, mantiene dos corazones caminando juntos hasta el final.

Fuente:
Pastor Óscar Flores – El Salvador

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba