
Texto base: Ezequiel 36:26 y 2 Crónicas 5:13-14
Dios no sólo desea cambiar nuestras circunstancias; anhela transformar nuestro corazón. Cuando Él quita el corazón de piedra y nos da un corazón de carne, sensible a Su voz, prepara un templo vivo donde Su gloria puede habitar.
La presencia de Dios no llena un lugar por la belleza de sus paredes, sino por la disposición de los corazones que le adoran en espíritu y en verdad. Un corazón renovado se convierte en un altar donde el Espíritu Santo encuentra descanso y donde la gloria del Señor se manifiesta.
Hoy, el llamado sigue vigente: permitir que el Señor renueve nuestro interior para que Su presencia transforme nuestra vida, nuestra familia y nuestra nación. Donde hay un corazón rendido, allí la gloria de Dios encuentra un lugar para reposar.
Señor, renueva nuestro corazón y llena Tu casa con Tu gloria. En el nombre de Jesús.