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Defiende con inteligencia

“Un perro ladra cuando su amo es atacado. Yo sería un cobarde si es atacada la verdad de Dios y permanezco en silencio” (Juan Calvino, teólogo reformador 1509-1564).

El presente artículo va dirigido a todos aquellos que arden en celo por Dios cuando ven, oyen o presencian que las verdades del evangelio son corrompidas por falsos maestros, ideologías erróneas, doctrinas heréticas, predicadores ‘chantas’ y mensajes contra la Palabra. Para ellos/as va este artículo con cariño y admiración.

Definamos Etimológicamente Apologética y para qué Sirve

La apologética (en griego: ἀπολογία, “hablar en defensa”) en teología y literatura consiste en la defensa de la fe conforme a una posición o punto de vista. La palabra apologética proviene del griego, que designa la posición de defensa militar contra un ataque (Fuente: Caso-Rosendi, Carlos. «¿Qué es la Apologética?». Fe y Razón. Revista gratuita de teología y cultura católica. Centro Cultural Católico “Fe y Razón”).

El primero en usar el término con ambas connotaciones (defensa de la fe y defenderse de un ataque) fue John Henry Newman en su autobiografía espiritualista Apología Pro Vita Sua (1864). Pero las primeras referencias históricas pueden encontrarse en la Apología de Sócrates de Platón y la obra homónima de Jenofonte, en las que se narra la defensa de Sócrates durante su proceso. Sin embargo, también existen algunas obras de apologetas de comienzos de la cristiandad como las dos apologías del mártir San Justino, dirigidas al emperador Antonio Pío (años 150-155 d.C.)

Apología Cristiana

La apología cristiana (del griego ἀπολογία, “defensa verbal, discurso en defensa”) es el área de la teología que se especializa en usar argumentos racionales para ‘defender y difundir el cristianismo’. Los apologistas cristianos defienden su punto de vista por medio de evidencia histórica, argumentos filosóficos, evidencia científica y el razonamiento lógico, entre otros. Pese a que algunos creacionistas son considerados apologistas, generalmente son una minoría en esta área de la teología. La apología cristiana se remonta al apóstol Pablo, ha evolucionado durante los siglos e incluye a célebres filósofos medievales como san Agustín de Hipona. Algunos apologistas modernos fueron C.S. Lewis y G. K. Chesterton. En el presente, algunos apologistas destacados son el filósofo y teólogo William Lane Craig y el célebre biólogo genetista Francis Collins, ex director del Proyecto Genoma Humano.

La apología cristiana nació de la necesidad de que la religión cristiana adoptase una base racional helenística, pero sobre todo para defender la fe cristiana de sus detractores; aunque el objetivo principal de los apologetas de los primeros siglos era que sus oponentes se convirtieran al evangelio. Lamentablemente con el paso de los siglos varios apologistas cristianos fijaron su interés en ‘ganar a como de lugar’ los debates o enfrentamientos académicos, dejando de lado el propósito principal del evangelio. Esto de ‘ganar por ganar’ hizo que sus discursos fueran cada vez más retóricos, pero poco ‘espirituales’. Sin embargo, ya en los siglos 20 y actualmente en el 21 se han levantado apologetas ‘al estilo antiguo’, hombres y mujeres dispuestos a defender la fe con fundamentos sólidos (ciencia, historia, filosofía, datos exactos, etc.) pero con un sentido compromiso a espiritualizar su defensa con el fin de predicar de Cristo a los inconversos. Les invito a conocer el ministerio “Apologos – Educación, Ciencia y Fe” que desde Chile está modelando el camino de la nueva apología cristiana (https://apologosecyf.wordpress.com/)

Características de los Apologetas Cristianos de los Primeros Siglos

Los apologetas cristianos de la antigüedad (primeros siglos del cristianismo) tenían algunas características que haríamos bien en observar, pero sobre todo imitar a la hora de defender la fe:

Eran preparados filosóficamente

Tenían conocimientos teológicos profundos

Conocedores de la realidad social, política, económica y moral de sus coterráneos

Estaban interesados en que su audiencia se convirtiera a Cristo

Fieles a sus comunidades de fe locales (se congregaban en iglesias y se sujetaban a sus pastores)

Eran capaces de escuchar a sus adversarios, dialogar con ellos, pero seguir defendiendo sus posturas sin caer en la ridiculización de los demás

Expertos en bases históricas

Defensores de lo defendible, pero abiertos a aprender y corregir

Por último, sabían cuando callar y abandonar la lucha porque para ellos el fin no era ganar el debate

Apología en las RRSS

Las redes sociales como bien sabemos es un espacio donde las opiniones (de los más variados temas) vuelan a la velocidad de la luz. En ellas se puede hablar de fútbol, política, gustos musicales, arte culinario, finanzas, sexo, cine, realidad social, religión, credos de fe, etc., etc., etc. Estos dos últimos ítems -religión y fe- suelen ser los que más bulla producen entre los cibernautas.

¿Qué hacer cuando un post, enseñanza, vídeo, canción, fotografía o audio va en contra de nuestras creencias cristianas? Hay varias opciones, todas válidas: Ignorar, pasar de largo, dar dislike, eliminar o bloquear al autor, reportar, dejar de seguir la cuenta. Pero, si al igual que Calvino te ves impulsado a defender el evangelio contra enseñanzas heréticas, he aquí unos consejos simples que he aprendido en mis varios años de difusor de contenidos virtuales y profesor de seminarios bíblicos en el Continente:

Pregúntate, ¿la publicación que me incomodó es una herejía, está mal fundamentada, provoca confusión, tiene malas intenciones? Estas preguntas son legítimas y te ayudarán a no entrar a discutir enseñanzas que para ti son equivocadas, pero que en realidad no lo son. De ahí la importancia de estar bien preparado en doctrina bíblica, teología e historia del cristianismo. Esto te ayudará a saber cuando denunciar un error o cuando aprender de la publicación.

Analiza bien el contenido de la publicación que te resulta errónea. Pregúntate quien la escribió, para qué lo hizo, cuando lo hizo y a quién la escribió. Saber esto te ayudará a entender el porqué del post cuestionado. Antes de responder piensa.

Si vas a comentar una publicación que para ti es contra-evangelio o herética, debes saber que ‘del otro lado de la pantalla’ habrá otro (o varios) que estarán más que dispuestos a defender su publicación. Por lo que tu comentario desatará respuestas, luego de esas respuestas tú volverás a responder -suele pasar-, y de la otra esquina también habrán más respuestas dándose un ciclo de no acabar. Las RRSS se tornan entretenidas para los simples cuando esto pasa y hay usuarios que lo saben, por eso a veces responden con palabras cada vez más fuertes para ‘encender aún más el bosque’. Cuidado en caer en ese juego.

Por eso, tienes que saber cuando retirarte. Si tu propósito es ‘ganar por ganar’ has perdido el verdadero propósito de la apología cristiana. Em cambio si tu interés es que tu oponente conozca al verdadero Cristo, permíteme decepcionarte, no lo conseguirás en las RRSS porque en ellas ‘nadie quiere perder’. Una vez iniciado un ‘dime y te diré’ el asunto no para. Lo más sabio es saber cuando dar un paso al lado.

Pero si en verdad quieres defender el evangelio, las verdades bíblicas, las enseñanzas eclesiales… prepárate, estudia, aprende, ora mucho y ten una profunda relación con Dios. Entonces podrás argumentar con razón, con espíritu y con la mente de Cristo (aunque mi Señor jamás defendió su causa). Así entonces al argumentar hazlo con pasión, educación, amabilidad y firmeza; pero sé inteligente… discierne cuando es tiempo de salir de la discusión porque ‘no va para ningún lado’. A mí me gustan esas argumentaciones con las características que acabo de mencionar porque me edifican, pero hay otras que solo son viscerales y poco o nada aportan.

CONCLUSIÓN

En lo personal he aprendido a guardar silencio en las RRSS cuando se trata de discusiones doctrinales, teológicas o religiosas (pero no a ignorarlas, ya les diré cómo). La experiencia me ha enseñando que es poco provechoso enfrascarse en argumentaciones con otros usuarios en el ciberespacio. La razón es simple: Las redes son abiertas, no sabes a ciencia cierta quién es el debatiente contrario (puede ser cristiano, evangélico, católico, ateo, satanista, etc.) ni su nivel de compromiso con Cristo y su iglesia, por lo que se hace difícil -a veces-, entablar una conversación a la altura con cibernautas que poco conoces. Aunque por supuesto hay excepciones.

El asunto es bien simple: Si vas a defender, argumentar, debatir sobre asuntos doctrinales con otros usuarios estás en todo tu derecho, y haces bien. Pero si tu argumentación solo sirve para entretener a los incautos, o si solo buscar ganar, haz errado completamente. En realidad haz todo lo posible por no meterte en discusiones que poco aprovechan. Mira lo que la Biblia nos recomienda: “Sigue recordándoles como advertencia delante de Dios que no se metan en discusiones que no ayudan para nada, que sólo destruyen a los que escuchan” (2 Timoteo 2:14).

Sin embargo, si aún después de haber leído la exhortación bíblica que acabo de darte sigues empeñado en defender el evangelio, la fe, la verdad bíblica… hazlo diferente a como el mundo lo hace. Hazlo con amor, educación, firmeza, amabilidad, oración, con la Biblia en el corazón y la academia en tu cerebro. Busca enseñar, jamás ridicuizar al adversario. Busca que el otro se convierta a Cristo, no a tu postulado. Busca su edificación, no tu vanagloria. Busca corregir, no imponer tu verdad. Busca que el nombre de Jesús sea ensalzado, no el tuyo.

¿Qué hago yo cuando veo enseñanzas erradas que circulan en las RRSS? Sigo los cinco consejos que escribí arriba (si opinara en cada una de las cosas disparatadas que veo en internet me volvería loco o bien, no tendría tiempo para mi propio ministerio: ‘Ayudar a las personas a mejorar sus vidas’). Muy rara vez me entrometo en discusiones (lo hacía en mis primeros años), y cuando por excepción lo hago (pues a veces sí opino), sigo mis propias recomendaciones… algo que hasta la fecha me ha servido.

Hoy bendigo y admiro a quienes, al igual que Calvino, defienden el evangelio contra tanta herejía (de adentro y de afuera de la iglesia)… para ustedes mis respetos. Pero una última recomendación: Sepan cuando ‘ladrar’ y cuando ‘callar’, no ‘muerdan’ al oponente pero sí háganle ver su error, aunque rara vez reconocerán que se equivocaron.

Fuente:
Gabriel Gil

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