Más allá del Monumento

Una visión que nació en Santiago para bendecir a toda la nación

"Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena; pero bienaventurado es el que guarda la ley." (Proverbios 29:18).

Las grandes obras de Dios casi siempre comienzan con una visión depositada en el corazón de hombres y mujeres dispuestos a obedecer su llamado. Así ocurrió con la Universidad Nacional Evangélica (UNEV), cuyo nacimiento en Santiago de los Caballeros no fue producto del azar, sino de la convicción de que la República Dominicana necesitaba una institución de educación superior cimentada en los principios eternos de la Palabra de Dios.

Hace cuarenta años, cuando muchos consideraban imposible levantar una universidad cristiana con vocación nacional, un grupo de líderes evangélicos decidió mirar más allá de las limitaciones del momento. Comprendieron que la Iglesia también estaba llamada a formar profesionales íntegros, preparados para influir en la sociedad con excelencia académica, valores éticos y compromiso con el bien común.

Aquella visión comenzó a tomar forma a través de la Fundación Evangélica Universitaria (FEU), que impulsó el proyecto con perseverancia y confianza en la dirección del Señor. Tras un intenso proceso de planificación y gestiones institucionales, la propuesta fue presentada ante las autoridades educativas del país hasta alcanzar su reconocimiento oficial el 30 de julio de 1986, marcando el inicio de una nueva etapa para la educación superior dominicana.

Desde sus primeros pasos, la UNEV asumió una misión que iba mucho más allá de otorgar títulos profesionales. Su propósito era formar hombres y mujeres con una visión integral de la vida, donde el conocimiento científico caminara de la mano con la fe, la ética y el servicio.

Con el paso de los años, aquella semilla sembrada en Santiago comenzó a dar abundantes frutos. La universidad extendió su presencia a otras regiones del país, amplió su oferta académica y fortaleció su compromiso con la investigación, el desarrollo social y la formación de profesionales capaces de responder a los desafíos de una sociedad en constante transformación.

Pero quizá el mayor legado de esta institución no pueda medirse únicamente por el número de egresados o de programas académicos. Su verdadero aporte ha sido demostrar que la excelencia educativa y los principios cristianos no solo pueden convivir, sino fortalecerse mutuamente cuando Cristo ocupa el centro de la formación.

Hoy, al conmemorarse cuarenta años de aquella visión nacida en Santiago, corresponde reconocer el esfuerzo de quienes sembraron con fe para que las generaciones presentes y futuras pudieran cosechar conocimiento, esperanza y oportunidades.

La historia de la UNEV nos recuerda que las obras inspiradas por Dios trascienden el tiempo. Lo que comenzó como un sueño compartido se convirtió en una institución que continúa sirviendo a la nación y llevando luz a través de la educación.

Santiago de los Caballeros puede sentirse agradecida por haber sido el lugar donde germinó esta iniciativa que, con el paso de las décadas, ha bendecido a miles de familias dominicanas. Porque cuando una visión nace en el corazón de Dios y encuentra personas dispuestas a obedecerla, sus frutos alcanzan mucho más allá de la ciudad donde comenzó.

Más allá del Monumento, esta historia nos recuerda que las verdaderas obras que permanecen son aquellas edificadas sobre la fe, el servicio y la obediencia al propósito divino.

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