TESTIMONIOS DE MARGARITA

Una Cita con el Dios Vivo

Era media mañana, alrededor de las once. Como cada día, salí apresurada rumbo a una reunión urgente. Todo parecía normal, hasta que algo inexplicable me impulsó a detenerme en un centro comercial.

Mientras caminaba, me preguntaba internamente:
“¿Qué hago aquí? ¿Por qué me desvié?”

No entendía aquel impulso… hasta que escuché gritos desesperados:

¡Llamen una ambulancia!

Corrí hacia la multitud. Había temor, confusión y rostros llenos de angustia. Un joven estaba desplomado en un banco, y algunas personas, desesperadas, intentaron auxiliarlo sin saber qué hacer.

En medio de aquel escenario, sentí cómo el Espíritu Santo tomaba control de la situación.

Con firmeza dije:

¡Esperen! Este joven no se va a morir.

Pedí alcohol para colocar en mis manos y comencé a orar. La ambulancia aún no llegaba. Muchos estaban paralizados por el miedo; algunos lloraban, otros temblaban pensando que aquel muchacho moriría allí mismo.

Pero mientras oraba, el Señor comenzó a mostrarme algo en el espíritu.

El joven llevaba una cadena con símbolos y pactos espirituales que lo mantenían atado.

Entonces hablé con autoridad:

¡Este joven está atado espiritualmente por esa cadena!

Una muchacha, que decía ser su novia, me respondió molesta:

—¿Y usted quién es para decir eso?

Y con paz, pero con convicción, respondí:

Soy una sierva de Dios. En el nombre de Jesús, permítame seguir orando.

Continué clamando. El ambiente cambió. La presencia de Dios comenzó a manifestarse de una manera poderosa.

Y entonces ocurrió.

El joven comenzó a llorar. Con sus propias manos se quitó la cadena y la lanzó lejos de sí. En ese instante levanté mis manos al cielo y una alabanza brotó de lo profundo de mi alma.

Todos quedaron en silencio observando lo que Dios estaba haciendo.

Después les hablé del amor de Cristo, de la libertad que solo Él puede dar y del poder transformador de la oración.

Cuando finalmente llegó la ambulancia, el joven ya estaba consciente. Y delante de todos dijo algo que estremeció a quienes estaban allí:

Tenemos un Dios vivo. Ella sabía que yo me estaba condenando… y también a mis amigos.

Sus compañeros, quebrantados, comenzaron a exclamar:

—¡Amén! ¡Gloria a Dios!

Ese día entendí una vez más que Dios sigue buscando vidas aun en los lugares más inesperados. Donde el enemigo quiere destruir, Cristo llega para libertar. Donde hay desesperación, Él trae vida. Donde hay cadenas, Él trae libertad.

La Palabra que ardía en mi espíritu

Lucas 10:19
“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará.”

 Juan 8:36
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”

 Marcos 16:17-18
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios… sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

 2 Corintios 10:4
“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.”

Reflexión Final

A veces creemos que vamos camino a una simple diligencia, pero el cielo ya preparó una cita divina. Dios mueve nuestros pasos porque hay almas esperando ser alcanzadas.

Hace un año ocurrió este testimonio, pero su mensaje sigue vivo hoy:
Jesucristo sigue liberando, sanando y salvando.

Él continúa levantando siervos sensibles a Su voz, capaces de discernir en medio del ruido, la desesperación y la oscuridad.

Porque nuestro Dios… sigue siendo el Dios vivo. Gloria a Dios.!

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