
Una de las mejores sensaciones que experimentamos es completar tareas y avanzar en lo pendiente. Pero cuando algo queda sin terminar, fácilmente aparece la frustración y una sensación de estancamiento.
Cuánto más cuando aquello que no podemos «marcar como terminado» no son tareas, sino relaciones en conflicto, anhelos sin cumplir o heridas de otros sin muestras de arrepentimiento.
Hay situaciones reales y pesadas en la vida que a veces quedan sin un cierre y esto nos puede llevar a sentir que estamos estancados, que nuestra vida se ha detenido y que no habrá nada más hasta que «cerremos el capítulo». En esos momentos, puede hacérsenos difícil confiar en Dios y ver Su buen propósito en medio de las circunstancias. Se nos hace difícil avanzar y darnos cuenta de que la vida puede continuar, y que las heridas pueden convertirse en cicatrices.
Un personaje bíblico sin cierres
Seguir adelante en medio de situaciones sin cierre no es ajeno a las Escrituras. En la Biblia, encontramos a José, alguien que vivió en carne propia esta realidad por muchos años.
Si no conoces la historia, a partir de Génesis 37 puedes encontrar la narración. José fue vendido por sus hermanos, y engañado, encarcelado y calumniado en los años siguientes; pero, por la gracia de Dios que estaba con él, fue puesto en posiciones de grandeza e influencia.
Lo que a veces no percibimos es que desde que fue vendido por sus hermanos, una situación de profundo dolor y confusión, hasta que tuvo un reencuentro con ellos y sucedió el cierre del conflicto familiar, pasaron aproximadamente treinta y nueve años. ¿Puedes imaginar algo así? Toda una vida sin tener el «cierre» de una situación tan dolorosa. Treinta y nueve años sin ver a su padre y sin un reconocimiento de sus hermanos por el mal que le habían hecho. Treinta y nueve años.
Aprendiendo a vivir sin cierre
En medio de nuestras situaciones sin cierre, hay mucho que el Señor nos enseña a través de la vida de José. Estas son siete verdades que nos pueden animar en nuestras propias historias.
1. Dios no nos deja
En todo el relato de la historia de José vemos cómo una de las frases que se repite con frecuencia es que «el SEÑOR estaba con él» (cp. Gn 39:2, 3, 21, 23). José lo había perdido todo, pero jamás perdió lo más valioso: la compañía de un Dios que estaba a su favor.
José lo había perdido todo, pero jamás perdió lo más valioso: la compañía de un Dios que estaba a su favor
En medio de nuestras circunstancias sin cierre, hay Uno que nos dijo que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28:20). Y ese que nos acompaña es el Dios que está a nuestro favor, que nos consuela y sustenta, quien provee para nuestras necesidades y entiende mejor que nadie nuestro dolor.
Aun cuando no hay cierre, qué gran descanso tenemos en que el Dios de los cielos está con nosotros.
2. Necesitamos ver la gracia de Dios
No era solo que Dios estaba con José, sino que también José atravesó su situación sin cierre consciente de Su presencia. Esto permitió que viera la gracia de Dios obrando en su historia.
Casi al final de la narración, la Biblia nos cuenta que José tuvo dos hijos, y que «Al primogénito José le puso el nombre de Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre”. Y al segundo le puso el nombre de Efraín, porque dijo: “Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción”» (Gn 41:51-52).
José sabía que Dios había sido su consuelo y que, aun en medio de su aflicción, lo había bendecido. En medio del dolor de nuestras circunstancias sin cierre, necesitamos ser intencionales en verlas a través de la realidad del obrar de Dios en medio de ellas.
3. Podemos seguir adelante
Una de las cosas que más me impacta de la historia de José es cómo lo vemos seguir adelante luego de cada adversidad que Dios le permitía atravesar. Lo que a José le tocó vivir fueron circunstancias horribles; no imagino el dolor que debió haber experimentado. Pero, en la gracia de Dios, esas situaciones no lo detuvieron: sirvió en la casa de Potifar, interpretó sueños y fue hecho gobernador.
Estar en situaciones sin cierre puede llegar a paralizarnos. Podemos sentir que, mientras eso no se resuelva, no podemos seguir adelante. Pero la realidad es que, porque tenemos a Jesús con nosotros y a nuestro favor, podemos seguir adelante dejando a Él ese capítulo inconcluso de nuestras vidas. Y si sientes que lo intentas pero aún no puedes, tal vez sea el momento de buscar ayuda en hermanos maduros en la fe.
4. El dolor no es excusa para el pecado
Hubo un período prolongado en el que José fue tentado sexualmente por la esposa de Potifar. Pero, en lugar de ceder, estas fueron sus palabras: «¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?» (Gn 39:9). José no usó el pecado como una vía de escape al dolor, ni usó el dolor como excusa para pecar.
Sea lo que sea que vivamos, necesitamos recordar que Dios es soberano y que Su obrar en nuestras vidas está marcado por Su amor
En medio del dolor de las circunstancias sin cierre, podemos vernos tentados a correr al pecado para aliviarlo, pensando que eso no importa porque ya hemos sufrido demasiado. Pero no debemos olvidar que, sin importar la circunstancia, nuestro pecado es contra el Señor y siempre destruye.
5. No necesitamos fingir fortaleza
Las circunstancias que vivió José fueron reales y dolorosas, y la Biblia no oculta ese dolor. En varias ocasiones, aun muchos años después, vemos la expresión de su quebranto:
- «Y se apartó José de su lado y lloró» (Gn 42:24).
- «José se apresuró a salir, pues se sintió profundamente conmovido a causa de su hermano y buscó dónde llorar. Entró en su aposento y lloró allí» (Gn 43:30).
- «Lloró tan fuerte que lo oyeron los egipcios» (Gn 45:2).
El dolor que José experimentó era real, y la Palabra de Dios no lo oculta; así que nosotros tampoco necesitamos hacerlo. En medio del dolor de las circunstancias sin cierre, podemos llorar y lamentarnos delante de Aquel que recibe nuestras lágrimas y entiende nuestro dolor (Sal 56:8).
6. Nuestra historia no es solo nuestra
Cuando José se encuentra con sus hermanos, les dice: «Ahora pues, no se entristezcan ni les pese el haberme vendido aquí. Pues para preservar vidas me envió Dios delante de ustedes» (Gn 45:5).
Aun en medio del dolor, él pudo ver y entender que su adversidad había servido para el bien de muchos otros. Sea cual sea nuestra circunstancia sin cierre, necesitamos recordar que nuestras historias van más allá de nosotros mismos, y que nuestros sufrimientos pueden convertirse en un punto de conexión con el dolor de otros.
7. Podemos descansar en la soberanía de Dios
José pudo ver a Dios como soberano incluso en lo que probablemente fue su experiencia más dolorosa: «Ahora pues, no fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios» (Gn 45:8).
Sea lo que sea que vivamos, necesitamos llevar nuestros corazones a recordar que Dios es soberano y que Su obrar en nuestras vidas está marcado por Su amor y Su perfecta sabiduría.
Hubo Uno que dio cierre
En medio del dolor de nuestras circunstancias sin cierre, podemos poner nuestros ojos en Jesús. Habiendo experimentado el dolor más profundo, nuestro Señor pronunció las siguientes palabras antes de morir: «Consumado es» (Jn 19:30).
Él completó Su obra a nuestro favor y dio cierre a la situación más horrenda que pudiéramos experimentar: la condena por nuestros pecados. Por el cierre definitivo de Jesús, tú y yo podemos confiar en Él aun en nuestras circunstancias sin cierre.



