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Cuando el Amor de Dios Nos Vuelve a Levantar

Hay heridas que casi nadie ve.
Cansancios que no siempre se cuentan.
Y silencios que muchas veces se esconden detrás de una sonrisa, de una predicación o de un servicio en el altar.

Existen hombres y mujeres de Dios que siguen ministrando mientras pelean batallas internas.
Adoran, oran por otros, aconsejan, levantan manos cansadas… mientras en secreto también necesitan ser fortalecidos.

Detrás de muchos púlpitos hay corazones agotados.
Personas que aman a Dios sinceramente, pero que en algunos momentos sienten el peso de las luchas, las decepciones, la carga espiritual y el desgaste del camino.

Pero qué hermoso es saber que el Señor no abandona a los que le sirven. Isaías- 40-10-

El amor de Dios no solamente alcanza al perdido; también abraza al que se cansó en medio de la obra.
Él restaura al que continúa fiel aunque por dentro esté llorando.
Él ministra al que ha pasado tiempo ministrando a otros.

Jesús nunca ignoró el cansancio de Sus discípulos.
Él entendía sus temores, sus debilidades y sus momentos de agotamiento.
Por eso muchas veces los llamaba a descansar en Su presencia.

Hoy el Espíritu Santo también sigue llamando:
“Ven a Mí… no para exigirte más, sino para renovarte.”

Porque hay fuerzas que no regresan con el aplauso de la gente, sino con la presencia de Dios.
Hay corazones que no sanan solo con reconocimiento, sino con el amor del Padre.

Quizás alguien ha pensado en rendirse silenciosamente.
Quizás alguien sigue de pie solamente porque la gracia de Dios lo sostiene.
Y aun así, el Señor dice:

“No te he soltado.
Aún estoy contigo.
Mi amor también es para ti

El altar necesita fuego, pero también necesita corazones restaurados.
La Iglesia necesita ministros llenos de verdad, pero también sanados por el amor de Dios.

Oración

Señor, fortalece a los que sirven mientras están cansados.
Abraza a los que han llorado en silencio detrás del altar.
Renueva las fuerzas de Tus hijos y permite que Tu amor vuelva a levantar lo que el desgaste intentó derribar.
Que nunca olvidemos que también somos ovejas necesitadas de Tu cuidado.
Sopla vida nueva sobre cada corazón herido y devuelve el gozo de servir en Tu presencia.

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