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Un lugar de paz

23 Y de allí subió a Beerseba. 24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo. 25 Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.”  Génesis 26:13-25

Isaac viene de las riñas, de las peleas, de las luchas, y va a Beerseba, que era un lugar especial para Abraham y para Isaac.  Era un lugar de encuentro con Dios, un lugar donde ellos habían visto los pactos de Dios manifestarse o concretarse.  Y cuando Isaac llega allí, oye a Dios hablar, recordándole las promesas que Él tenía para ellos, todo lo que le había prometido a Abraham.  Al recibir aquella palabra, Isaac levanta un altar, un lugar de devoción a Dios, un lugar donde tu vida va a girar alrededor de Dios.  Luego, Isaac puso allí su tienda y, entonces, abrió un pozo.  Ese es el orden correcto: Altar, casa y pozo.

El problema de muchos es que tienen ese orden al revés.  Pero aquellos que hemos aprendido a vivir conforme a Dios, sabemos que la clave está en poner el altar primero.  Tu vida de devoción, de conexión con Dios, tu familia, y luego tu empresa.

26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. 27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros? 28 Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto contigo, 29 que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú eres ahora bendito de Jehová. 30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron. 31 Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se despidieron de él en paz. 32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.”  Génesis 26:26-32

Isaac viene teniendo problemas económicos, Dios lo prospera, le hace progresar porque le obedece, pero eso levanta envidia, comienzan a tener celos de él.  Isaac tiene que prosperar, que sacar agua de algún lugar para sostener todas aquellas cosas, y cuando lo comienza a hacer, comienza la riña, no hay paz.  Tú estás teniendo éxito en tu vida, estás abriendo pozos, estás teniendo oportunidades nuevas, estás logrando hacer cosas nuevas; Dios te está llenando de bendición, estás viendo incremento, pero no tienes paz, y te preguntas cuándo tendrás tranquilidad.  Pienas que algún día, cuando termines con esos negocios, entonces tendrás paz, pero la verdad es que cuando estás prosperando, progresando, va a haber conflictos, dificultades.  La forma en que se alcanza la paz no es terminando ciertas tareas, alcanzando ciertas metas, sino poniendo a Dios primero.

Isaac pone primero el altar, luego su casa, y luego el pozo.  Y cuando eso ocurre, paz llega a su vida.

Le creemos a Dios contigo por un nuevo tiempo de paz para tu vida.

El altar era el lugar donde presentaban las ofrendas, era un momento donde había un intercambio entre Dios y el hombre.  Isaac estaba reaccionando a una palabra que Dios le dio.  Él fue a Beerseba, y allí recibe una palabra que le marca, y decide hacer un altar en aquel lugar, establecerse allí junto a su familia, y entonces poner su negocio, abrir pozos.  Entonces, todo comenzó a cambiar; paz llegó a su vida, nuevos pozos, nuevas oportunidades.

El altar no es tan solo el lugar de ofrendas.  Es el lugar de tu devoción a Dios, de tu adoración, es cuando tu vida gira alrededor de Dios y su Palabra, cuando todos los días meditas y encomiendas tu vida a Él.  Ordena tu vida, pon a Dios primero.

Cuando vemos la vida de Abraham, podemos seguir su vida, basado en los altares que él construyó.  Dondequiera que él iba, él construía un altar, se presentaba delante de Dios.  Ese era el secreto de Abraham: Levantaba un altar, y abría un pozo.  Cuando tú pones a Dios primero en tus finanzas, Él comienzas a darte sabiduría y hacer en ti una obra maravillosa.  Pon a Dios primero en el altar, y te vas a dar cuenta de cómo todo será transformado.

Fuente:
pastor Otoniel Font | Puerto Rico

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