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República Dominicana versus Israel en la ONU

Es penosa la actitud de nuestro país en contra Israel al no apoyar en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la medida del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de declarar a Jerusalén, capital de Israel.

El gobernante norteamericano expreso que trasladaría la embajada de Estados Unidos que está en Tel Avid a Jerusalén, lo que produjo protesta de parte de los palestinos musulmanes que son los filisteos, que siempre han sido enemigos de Israel.

Solo dos países de Latinoamérica, Guatemala y Honduras, apoyaron la moción de Jerusalén como capital de Israel, y República Dominicana, voto en contra, mientras otros países de abstuvieron a hacerlo, incluyendo a Haití.

¿Qué esperan las naciones que votaron en contra de la moción de Trump, la ayuda de los palestinos, que son árabes y se han distinguido por ser terroristas y ligados con el Estado Islámico (ISI) y cuya aspiración y deseos es destruir a Israel, pueblo escogido por Dios para el nacimiento del Mesías, nuestro Señor y Salvador Jesucristo?

Nunca he oído que el Estado Palestino (filisteo y árabe) haya colaborado alguna vez con una asistencia como la de los israelitas a favor de nuestro país.

Da vergüenza lo que ha hecho este Gobierno en relación con lo que hizo el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, que acogió a cinco mil judíos, ante la amenaza de ser masacrados por el dictador alemán, Adolfo Hitler.

No fueron muchos los países que durante la II Guerra Mundial acogieron a los judíos que huían de Europa, asediada por el horror del nazismo. Entre estos pocos se encuentra República Dominicana, país que otorgó más de 5.000 visados a judíos entre 1939 y 1940. El entonces dictador dominicano, Trujillo Molina, tomó la decisión de abrir las puertas del país caribeño, aún a pesar de las restricciones que muchos países pusieron al acogimiento de esos seres humanos.

Desde ese momento, esos judíos han constituido una bendición para la República Dominicana y eso nadie puede negarlo. Según la Biblia, Dios le dijo al patriarca Abraham, “hare de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:2-3.

Los doce hijos de Abraham, fueron los fundadores del reino de Israel y el Rey David, estableció a Jerusalén como su capital.

Es penoso que los líderes religiosos evangélicos de este país, no se hayan pronunciado en torno a la medida de Trump de reconocer que Jerusalén es la capital de Israel, a excepción del Pastor Exequiel Molina, del Ministerio Batalla de la Fe; y del político, Pelegrin Castillo, de la Fuerza Nacional Progresista (FNP).

Parece que estos pastores y funcionarios gubernamentales, que quizás tienen poco contacto con las Escrituras, desconocen lo que dice la Biblia.

En cuanto a este asunto los funcionarios del Gobierno enmudecieron, y se ignora si fue por mandato del Jefe del Estado, Danilo Medina o del Canciller Miguel Vargas Maldonado o por su desconocimiento bíblico.

Desde que en 1933 los Nazis iniciaron la persecución de los judíos en Europa, diversas instituciones trataron de conseguir sitio para esos refugiados. En la conferencia de Evian, celebrada en Julio del 1938, 32 países se reunieron para encontrar soluciones a esa problemática, pero solamente la República Dominicana, se mostró dispuesta a recibir a esta población.

El Dictador Trujillo ofreció unas tierras en la zona de Sosúa, y en Estados Unidos un grupo de judíos formaron la DORSA, la Dominican Republic Settlement Association. A partir del 1940 se inició el proceso, y cientos de familias llegaron a asentarse en la zona de Sosúa. Desde luego no todo fue fácil para esos colonos, debido a las diferencias de todo tipo, desde clima, población, etc. y contrajeron una serie de enfermedades tropicales.

El vicepresidente de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), Pelegrin Castillo, cuestionó que la República Dominicana votara una resolución en contra de Israel sobre un asunto con grandes implicaciones religiosas, culturales e históricas.

“Si no querían respaldar a Israel, debieron abstenerse. Una nación como la nuestra, que no debería ignorar su identidad cultural de raíces judeo-cristianas, tampoco contribuye a la paz del mundo formando parte en un intento absurdo e inaudito de reescribir la historia de pueblos milenarios”, enfatizó.

Cuando los refugiados judíos se establecieron en Sosua, que era una comunidad rural, totalmente atrasada, se convirtió en una productora y exportadora de productos lácteos, agrícolas y carnicolas, para el consumo del país y exportación.

Construyeron una mezquita y un hospital, así como otras facilidades como nuevas viviendas, para beneficiar a la población, y muchos de ellos se casaron con dominicanas.

Conocimos al embajador Alexander Dotan, de grata recordación, que fue un promotor para el desarrollo de la ganadería, la producción agrícola y de otros rubros. Así como el moderno sistema de riego por goteo, en la región Sur del país.

Además, muchos técnicos agrícolas dominicanos se especializaron en universidades de Israel.

Pero nos olvidamos en estos momentos de ser agradecidos con el gobierno y el pueblo de Israel al negarle el voto en la ONU para que Jerusalén sea reconocida como su capital.

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