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Ojo con el enojo

“Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una gran asamblea”. Nehemías 5.6-7

Una de las situaciones más difíciles de manejar en las relaciones interpersonales es el enojo.

Es imposible no enojarse, pero sí es posible saber conducirse frente al enojo. Por eso la Biblia enseña: “Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”.

Muchas veces se hace hincapié en tratar las consecuencias negativas que produce el enojo, pero la clave fundamental es cómo actuar frente a este, cuando se presenta en nuestra vida.

Dice Nehemías que se enojó en gran manera, y entonces lo primero que hizo fue meditar. En la NVI dice “me enojé muchísimo. Y después de reflexionar…”.

Cuando te enojás, y lo hacés en gran manera, debés reflexionar antes de actuar.

No te olvides que entre el enojo y la reacción, debe haber reflexión.

La mayoría de las personas reflexiona después de haber reaccionado, y el actuar de esta forma no evita las consecuencias negativas del daño ya causado.

Antes de reaccionar debemos reflexionar sobre tres aspectos:
Qué voy a decir: hechos concretos y no opiniones. No personalizar, centrándome en el comportamiento y no en la persona.

Ejemplo: “Tu dormitorio está desordenado”, no “Vos sos un desordenado”.
Cómo lo voy a decir: escoger cuidadosamente las palabras que voy a utilizar, la razón no justifica la mala educación.

Ejemplo: Nehemías comienza diciendo “os ruego”.
Cuándo lo voy a decir: buscar el momento más oportuno para ambas partes, recordando siempre que se reconoce en público y se reprende en privado.

Ejemplo: “Hijo, en casa hablamos, no aquí”.
El objetivo debe ser corregir y no atacar, para cambiar una situación y no para librar una batalla interminable.

No te olvides de que los ataques siempre van en desmedro de la corrección, porque el que es atacado termina haciendo foco en el ataque que está recibiendo y no en lo que debe corregir.

Yo bendigo tu vida para que, en este tiempo, con sabiduría de Dios, puedas manejar el enojo y este produzca cambios positivos y no situaciones negativas.

Fuente:
Pastor Daniel González

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