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Nínive una ciudad que recibio una advertencia de Dios

«Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.» Jonás 1:2

Nínive recibió una advertencia de Dios.

Una ciudad que tuvo que detenerse.
Una ciudad que tuvo que reconocer su necesidad.
Una ciudad cuyo rey entendió que había llegado el momento de humillarse delante de Dios y llamar al pueblo al clamor.

¿No hay algo que aprender de Nínive?

Dios todavía advierte. Y muchas veces lo hace a través de señales que nos llaman a detenernos, examinarnos y volver nuestro corazón hacia Él.

Esta madrugada tuve una experiencia en el espíritu que me llevó nuevamente a pensar en la responsabilidad que tenemos como padres y madres de cubrir en oración a nuestros hijos, especialmente a nuestros jóvenes.

Me encontraba junto al mar con mi hijo. Nos sentamos en la orilla y, al hablar sobre lo que estamos viviendo, le dije:

Vamos a orar y clamar, porque pienso que ustedes los jóvenes necesitan mucho la cobertura espiritual de nosotros, los padres y las madres.

Nos tomamos de las manos y comenzamos a orar por los jóvenes.

Al terminar, él quiso retirarse, pero le dije que permaneciera allí. Entonces comenzó a llover muy fuerte. No tuvimos miedo. Seguimos orando.

Mientras oramos, vi que algo venía de lejos. Eran muchos peces que salían del mar profundo. A medida que aquello ocurría, comenzaron a llegar muchas personas, entre ellas muchos jóvenes.

Mi hijo se levantó y les dijo que no se acercaran, sino que ayudaran a orar.

Entonces aquellos peces comenzaron a convertirse en grandes peces y, en medio de aquella escena, empezaron a tragarse a muchas personas.

Nosotros continuamos orando y clamando a Dios.

En medio del caos, vi cómo los peces grandes desaparecen mientras clamamos. Entonces puse mis manos sobre mi cabeza y clamé fuertemente a Dios.

Y vi a mi hijo tomar una vara y, con autoridad, detener aquello antes de que llegara a ser todavía más peligroso.

No pretendo interpretar cada detalle de esta experiencia como si tuviera una explicación definitiva. Pero sí hay algo que queda profundamente marcado en mi corazón:

Hay una generación que necesita cobertura espiritual.

Hay jóvenes que necesitan que sus padres vuelvan a ponerse de rodillas. Hay hogares que necesitan recuperar el altar.

Hay padres que quizá están esperando que sus hijos cambien, cuando Dios también los está llamando a ellos a clamar, interceder y permanecer firmes.

Nínive nos recuerda que una advertencia de Dios no necesariamente es una sentencia final. Cuando el pueblo reconoció su condición y se humilló delante del Señor, Dios mostró misericordia.

Por eso, antes de que llegue el peligro, oremos.

Antes de que nuestros jóvenes sean alcanzados por aquello que pretende destruirlos, cubramos mucho en oración. Antes de que la sociedad nos diga que ya no hay nada que hacer, recordemos que Dios todavía escucha el clamor de un pueblo que se humilla delante de Él.

La respuesta no siempre comienza con grandes discursos.

A veces comienza con un padre y una madre tomados de las manos.

Comienza con un altar.

Comienza con una lágrima.

Comienza con alguien diciendo:

«Señor, ten misericordia de nuestros hijos y de nuestra nación.»

Nínive tuvo que detenerse.

¿Será que nosotros también necesitamos detenernos?

Todavía estamos a tiempo de clamar.Todavía estamos a tiempo de volver al altar.

Todavía estamos a tiempo de pedir misericordia.

Padres y madres: no soltemos la oración por nuestros hijos.

Porque cuando el peligro se levanta, la Iglesia que somos nosotros no puede quedarse mirando.

Tiene que ponerse de rodillas. en el nombre de Jesús.

 

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