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La última cadena

Marcos 5:1-19 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.

Ya hemos dicho que Marcos nos presenta a Jesús como el gran libertador de todos los poderes como enfermedades, tormentas y demonios. Ahora se enfrenta en la media noche al poder mismo de Satanás en la liberación de un endemoniado. ¿Quién era este hombre? Se describe como alguien con un espíritu inmundo y poseído por una legión. Su morada era en un cementerio; allí donde solo había huesos y soledad. Vivía como un miserable al no ser retenido ni con cadenas ni con grillos.

Los demonios lo habían alejado de la sociedad y ahora tiene por compañero lo inmundo. He aquí un hombre sin esperanza, poseído espiritualmente y en esclavitud. Se nos dice que había roto todas las cadenas y grilletes que le ponían, pero seguía siendo un esclavo. Los demonios rompían las cadenas humanas, pero él no podía romper la cadena de opresión que lo ataba, la más poderosa de todas. ¿Puedes imaginar el terror que este hombre causaba?

Él vivía en el cementerio, pero no como los que tenemos hoy. Aquellos cementerios eran tallados en las rocas y quedaban expuestos de modo que pronto se descomponían. ¿Se acuerdan del caso de Lázaro? Él andaba desnudo. Andaba corriendo como un hombre salvaje día y noche. Se cortaba su cuerpo de modo que estaba cubierto de sangre y cicatrices. Gritaba en su tormento y no encontraba consuelo.

Este hombre había roto todas las cadenas, pero no había roto la última de su vida. Cristo cruzó el mar de Galilea para romper la cadena más grande, la última de su vida. Jesús vino para poner en libertad a los cautivos, de eso se trata el presente mensaje. Consideremos el poder de Jesús contra la cadena más grande del enemigo del alma.

JESÚS ROMPE LAS CADENAS DEL TORMENTO HASTA SENTAR AL HOMBRE EN COMPLETA PAZ

Señor de los demonios (vers. 2)

Barclay, comentando esta historia, dice: “El lugar era peligroso, la hora era peligrosa y el hombre con quien se encontraron era peligroso”. Sin embargo, Jesús va directamente a este encuentro con la diferencia que será el mismo endemoniado que vendrá a él. Los discípulos de Jesús sabían que andar con él era prepararse para encuentros sobrenaturales.

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Él vino para deshacer las obras del diablo. A los que están cautivos vino a darles libertad, convirtiéndolos en sus instrumentos. Él es Señor de las tinieblas. Los poderes del averno también le están sujetos. Jesucristo es Señor de todo. Ahora vemos al hombre que huyó de todos, corriendo a Jesús.

Los demonios que alejaron a este hombre de todas las relaciones humanas lo llevaron a los pies de Jesús. Observe que ellos no cayeron ante Jesús para adorarlo como Señor, simplemente cayeron en reconocimiento de su deidad. ¡Se inclinaban ante el Señor de Señores! En esta historia se cumple la palabra profética que ante él toda rodilla se doblará.

Como Señor que es de los demonios le ordena que dejen libre a este hombre. Jesús vino a devolverle la paz a los hombres atormentados.

No más carreras (vers. 15).

Desconocemos quién haya sido aquel hombre. No se sabe su historia, sobre todo si era algún hombre feliz y próspero; ahora lo vemos vivir en un cementerio, el último lugar para vivir de un ser humano. No sabemos cuándo fue la última vez que este hombre pasó un tiempo sentado y tranquilo.

Los demonios se encargaron de poner su cuerpo en fuga. Nadie podía detenerle. El texto no podía ser más descriptivo: “Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (vers. 5). ¿Qué clase de vida pudo ser aquella? ¿Puede imaginar el terror que este hombre causaba?

Quién se atrevería ir aquel cementerio. Él está corriendo como un hombre salvaje día y noche. Se corta y su cuerpo está cubierto de sangre y cicatrices. Él grita y grita en su tormento. Mis amados, no tenemos idea de lo que es capaz de hacer Satanás en la vida de una persona. Este hombre está en tormento, pero Jesús vino a darle paz. Cristo vino a detener su carrera. Cuando los hombres corren a Cristo no tienen por qué seguir huyendo. Cristo colma de paz a los que nunca la tuvieron. Nada trae la paz como la da Jesús.

JESÚS ROMPE LAS CADENAS DE LA VERGÜENZA VISTIENDO AL HOMBRE SU DESNUDEZ

Cada hombre es importante para Jesús (vers. 15b).

En esta historia hay aspectos muy puntuales que son necesarios comentar. Jesús había estado toda la tarde dando una clase magistral a través de su particular método de enseñanza, conocido como las parábolas. En esto ocupó un buen tiempo. Lo hizo también en su travesía por el lago de Galilea.

Sin embargo, su interés en liberar a un solo hombre en tal condición, no pasó desapercibido. Bien pudo el cansancio, comprobado por el descanso que tomó en la barca, haberle llevado a posponer esta tarea para el día siguiente. Cualquiera de nosotros lo hubiese hecho de esta manera. Pero no fue así.

En el corazón de Jesús había la urgencia de la tarea. De esta manera, mientras todos en esa región temían a este hombre, huían aterrorizados cuando se acercaba, temblaban en sus casas al sonido de sus gritos y los niños eran advertidos sobre el loco del cementerio, Jesucristo no evitó aquel encuentro. Él llegó allí para cambiar la vergüenza del hombre a quien todos evitaban. Para Cristo todos los hombres son de inmenso valor.

Esta historia también nos revela como el poder de Satanás hace que el individuo pierda toda su vergüenza, dejándolo desnudo y exponiendo su condición delante de los demás hombres. El diablo es un amo cruel. Su trabajo es llevar a una persona hasta un estado de miseria donde no pueda ver su propia vergüenza.

Los espíritus inmundos crean en todo hombre una condición que afecta todo su sentido, y, sobre todo, derrumba su fortaleza moral. Pero la buena noticia es que Jesús tiene preparado un vestido nuevo para todos aquellos que andan desnudos. La sangre de Cristo tiene el poder no solo de perdonar pecados sino de cubrir a cada persona de una nueva vida.

El endemoniado de gadara necesita un vestido. ¿Quién se lo dio? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que allí estaba Cristo. Y cuando Cristo se hace presente, él hace nuevo todas las cosas ¿Cuándo sería la última vez que aquel hombre anduvo vestido? No lo sabemos. Una vez que Jesús da paz al corazón, cubre todas nuestras vergüenzas.

Fuente:
Pastor Julio Ruiz

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