Politica

La estatua de la discordia

Ha sido motivo de debate nacional la erección de una estatua de fibra de vidrio que representa a Juan Pablo Duarte. La misma fue comisionada por el Ministerio de las Fuerzas Armadas, y desde su inauguración, ha sido un ente de discordia.

Las redes sociales se han llenado de opiniones diversas. Algunos se detienen al señalar que la imagen no representa fielmente la imagen del patricio. Otros, más radicales, solicitan que sea removido, al alterar la imagen del padre de la patria y al supuestamente violentar las atribuciones del Instituto Duartiano de supervisar las obras y reproducción de imagen de Duarte.

Primero, debemos recordar que el artista señala que representó a Duarte en su última etapa de su vida, aquejado de miseria y enfermedades diversas. Segundo, toda obra artística concede ciertas licencias creativas que el creador de la misma se toma, aparte de que el material en que se trabaja ofrece ciertas posibilidades y limitaciones a la hora de tornear y manipular el mismo. Tercero, se cimenta o se inspira en la única foto existente de Duarte, que se la tomó en 1873 Próspero Rey, que era un hacendado y fotógrafo venezolano.

Personalmente no he visto la escultura. Mis apreciaciones son de las fotos tomadas. Reconozco que yo mismo me siento extrañado ante esta representación de Duarte, ya que las imagenes que se han reproducido con mayor regularidad son las del Duarte joven que funda la nacionalidad, pero también recordemos que Duarte es el gran desconocido de la patria. De 63 años de vida, 37 años, aproximadamente, los pasó fuera del país. Primero sus estudios, y luego, casi 32 años de exilio con breves retornos al país, con el fin de luchar por los mejores intereses de un pueblo que no lo entendió y con compañeros de lucha política que lo traicionaron a la primera oportunidad.

Por ende, creo que el enfoque del debate está mal planteado. Poco importa una imagen. Lo que vale es lo que nos evoca, su mensaje. Si esta imagen, mas allá de lo chocante que nos parece, hace que todos nos recordemos un poco de Duarte y querramos imitarle y empezar a crear esa República que soñó, bendita sea. Creo que dentro de todo, más allá de los merecimientos artisticos, este debate ha tenido ese punto positivo. Duarte ya no es tan desconocido, ya que nos hemos molestado como sociedad en debatir sobre su imagen y sus ideales, y ese esfuerzo intelectual vale mucho, ya que permite que Duarte siga vivo en el corazón de cada dominicano de buena voluntad.

Fuente:
Dr Nestor Saviñon

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